25 de junio de 2014
Filósofo meditabundo
Esos pequeños filósofos de Rembrandt son filósofos encerrados. Un rayo de sol encerrado con ellos ilumina su estancia de piedra, o, más exactamente, crea una concha de claridad en la grandeza oscura de una habitación. La hélice de una escalera de caracol que baja hacia las tinieblas... la impresión de considerar el interior de una extraña concha habitada por el pequeño animal intelectual cuya sustancia luminosa él secretó.
(Paul Valéry, Le retour de Hollande)
24 de junio de 2014
El ego del editor
Diego Fonseca, periodista, escritor y editor argentino:
El ego del editor debe de desaparecer. Es estar en todas partes, como Dios, pero no verse en ninguna. Yo busco ser un editor que trata de ayudar al autor a encontrar con su propia voz.
El ego del editor debe de desaparecer. Es estar en todas partes, como Dios, pero no verse en ninguna. Yo busco ser un editor que trata de ayudar al autor a encontrar con su propia voz.
[El azote de malabia]
Mortisaga en el cementerio de los iconoclastas
II. EL CEMENTERIO DE LAMINIUM
5
JERÓNIMO BARBADILLO
Había leído hace no sé cuánto en los Expolios de un librero inconformista del archivero Lisardo Cuevas, que ciertos libreros de viejo se parecen a los gatos en que sus pies poseen algo parecido a los corpúsculos de Pacini en sus plantas, pero que a diferencia de los felinos, no eran sensibles a las vibraciones ni a la presión mecánica, como en ellos, sino a los estertores agónicos de lectores y bibliófilos consumados, en cuyas casas se personaban, guiados por una señal misteriosa, tal vez un eco arbóreo en el subsuelo, justo cuando los herederos comenzaban a ver la biblioteca de su pariente como una amenaza para la venta de la finca, momento que aprovechaban para liberar a los familiares de tal impedimento, ofreciéndoles una tasación justa por todo aquel papel de mierda, en opinión de ellos. Cuevas citaba varios testimonios presenciados por él mismo, según los cuales los libreros llegaron a amenazar, entre bromas y veras, a los nuevos propietarios de aquellas bibliotecas con prender fuego al inmueble entero, si no aceptaban el precio que les ofrecían y hacían venir a otro competidor. Pero hubo perspicaces que sospecharon una mirada voluptuosa en la contemplación de varios volúmenes, ante lo cual se atrevieron a incrementar el valor sin conocimiento y medida, por el mero placer de observar la reacción de los compradores, más que por lucrarse con el negocio, como supusieron los libreros, hecho que les provocaría un acceso de locura furiosa de tal intensidad, que tres de ellos llegaron hasta asesinar por estrangulamiento a una violista con hidrocefalia, a un viejo carnicero con apellidos aristocráticos y a un restaurador de vidrieras catedralicias lisiado, cuya falta de pasión en sus vidas les llevó a morir sin comprender el verdadero motivo del que fueron víctimas, que no fue el de la usura, al menos eso argumentaron Silvio Ferrero, Eladio Máximo y Manuel Hijares ante el juez incomprensivo que los mandó a prisión veinte años, donde murieron de melancolía a los cinco, a los dos y a los seis años respectivamente, porque les dio por pensar en el destino aciago de sus libros, a quienes tenían como criaturas espermáticas propias. No quisiera extenderme más en sugerir e ilustrar la descripción del librero Jerónimo Barbadillo, baste decir que el propietario de Laminium pertenecía a esta clase de personalidades arrebatadas, a las que hace alusión Lisardo Cuevas en su memorial de afrentas, aunque la verdad es que el pobre jamás hizo uso de violencia alguna contra nadie, como no fuera contra él, de tal modo que cuando no conseguía quedarse con alguna edición rara, colección completa de láminas decimonónicas o biblioteca de librepensador, en el menor de los casos el cuerpo se le llenaba de un sarpullido desde los omóplatos hasta el ombligo, alrededor del cual se formaba además una culebrina semejante a la del herpes zoster. Ningún médico supo de qué reacción alérgica se trataba ni qué medicación concreta le debía prescribir, puesto que para aquellos síntomas específicos no había sustancia alguna en ningún vademécum conocido, ni siquiera en la fantasiosa Farmacopea contra los humores flemáticos, biliosos y sanguinolentos del médico y ocultista portugués Dr. Armindo Araujo. Por Barbadillo supe que no había remedios para las enfermedades causadas por la pasión inútil de creer que una biblioteca podría albergar el universo, cuando no por el polvillo microscópico que genera el movimiento de sus astros, para lo cual hubiera sido necesario poseer unos pulmones de atleta, con bronquios a prueba de cuantas partículas librescas pudieran ocuparlos, pero no era el caso de Jerónimo, con un cuerpecillo mantecoso de ratón bien alimentado, orondo, una cabeza esférica, labios sensuales y epicúreos, pelo sólo en las sienes, con una melena rala que le ocultaba el exiguo cogote, unas manos gordezuelas, mínimas, casi siempre con uñas de guitarrista de luto, aunque lo más sobresaliente de su aspecto, a decir por la impresión que me produjo cuando lo vi por primera vez, fueron sus ojos de avispa y su voz de araña, inteligentes e incisivos, melodiosa y embriagadora, quizás fueron estos rasgos de insecto y arácnido los que propiciaron nuestro reconocimiento mutuo más allá de nuestras diferencias. Estas son las palabras que la memoria de Jerónimo Barbadillo me ha dictado hasta ahora, según me he dejado llevar por ellas, y según se amalgaman y confunden con las que no me pertenecen por haber sido extraídas de entre el olvido de obras de dudosa realidad, aunque uno ya no está para admitir más realidades que la del escaso presente huidizo, postrado como estoy, esperando la última ficción, de la que un ser vivo transido de naturalezas contradictorias pueda ser testigo. Dejaré, pues, para otra noche la narración de nuestro encuentro a poco de mi llegada, y cómo fue que estuve a punto de perecer a manos suyas por un malentendido.
José Miguel López-Astilleros
Enemistades literarias: Juan Bonilla - Juan Francisco Ferré
"La próxima vez que me vea en
apuros económicos ya podré presentarme a ese concurso de televisión. Mi
especialidad, naturalmente, Borges. Si me preguntan por Matilde Urbach, sabré
qué responder"
(Juan Bonilla, Veinticinco años de éxitos, 1993)
Bonilla,
borgiano de pacotilla, me ataca. La ofuscación le impide captar el
sarcasmo. Solo quería burlarme de su erudición fraudulenta. Está tan manchado
por su propia mediocridad y sus contubernios que es imposible que manche a
nadie, ni siquiera a algunos de sus cómplices. Es un borgiano de pose (es
evidente, por eso se atribuye el hallazgo de un dato irrelevante y además
falsario), que me ataca en defensa de los intereses espurios de un puñado de
impostores joycianos. QED
Éste debe de ser un caso nuevo en la literatura, una pelea entre dos escritores suscitada por una mujer... que no es real, sino ideada por Borges. Aunque, si bien se mira, un personaje literario puede tener más carnalidad que muchas personas, que no son sino pálidos espectros, con las que nos cruzamos diariamente. Ya le decía Nabokov a un colega que le importunaba con su cháchara sobre asuntos cotidianos: "Deje eso y hablemos de lo importante: de Anna Karénina".
Esta es la secuencia de los hechos:
Matilde Urbach: a fake (j.b.)
The death of Matilde Urbach (j.f.f.)
Matilde Urbach revisited (j.b.)
Bonilla revisited (j.f.f.)
Pleased to meet himself (j.b.)
Continuará, seguro.
[Piero della Biondetta]
23 de junio de 2014
La Galbana (1ª serie)
San Sebastián-León
El Poeta Jorge Pascual compuso, por cada kilómetro que separa San Sebastián de León, un poema dedicado a su novia.
La ilustración es de Pablo García García.
Enemistades periodísticas: Raúl del Pozo - Martín Prieto
21 de junio de 2014
Las malas compañías
| El Rastro, primavera de 2014 |
De madrugaba descargaba el capitán Nelsón en la escombrera catalana. Se quejaba del poco espacio que quedaba (por culpa de su hermano y cuñado) por lo que había tenido que dejar en la furgoneta la mitad de los libros comprados en los Encantes.
Nos acercamos a ver si la galería de arte estaba abierta pero su lugar lo había ocupado un puesto de cuadros para decorar.
El DJ le enseñó a Larsen unos cómics descatalogados (Vinalia trippers, Monográfico) del poeta bukoskiano más prolífico del S. XXI. Qui pro quo, el azote del editor malabia, nos trajo una Enciclopedia del vivo con sacarcocho incluido del esnob Wiesenthal. Empezó la subasta. El bodeguero Malauva pujo con fuerza y el polaco tuvo que conformase con el sacarcocho de diseño suizo.
El penúltimo novísimo disfrutó pasándonos por el focico el número 1 de la Revista de Poesía y unas memorias de un editor. Todos sabemos que el interés que tiene por la métrica es inversamente proporcional al de tocar los ..., pero no sabemos que nombre recibe esa perversión que consiste en disfrutar comprando el libro que tiene más interés para los demás que para ti. " Gromov nunca pierde las formas ante tanto improperio que escucha, porque no las tiene", así le remató Tinofc con la frialdad del agua del Esla.
Mientras esperábamos a que abriesen el puesto de un millón de libros, el amigo de JB dio un repaso al circo pombiano que se encontró en la presentación de Raros de Tiempo ("pero no cuentes nada"). Lo único que le gustó fue el Prieto picudo y poco. Sólo conocía al poeta del patito en las nubes: Jorge Pascual, y esperaba más de él debido a la fama que arrastraba en sus correrías con Chema Pessoa en la comisaría. Vio al poeta muy obsesionado con su novia de San Sebastián, y lo confirmaba el hecho de que le había compuesto un poema cada kilómetro que había hecho desde la ciudad del norte hasta León. Larsen vio a Bonilla muy cortado, esperaba ese desparpajo, humor e ironía que descubrió en la Carbonería, La holandesa errante y en su Catálogo de libros raros. El Amanuense lo defendió: "Tanta promoción de la novela premiada lo tiene fatigado". Recordamos el anecdotario cazurro de la Traductora Y. Morató ( "mucho tiempo tienen ustedes para leer todo esto", le soltó, con delicadeza, la cartera cuando les llevó un paquete de libros).
"Vamos que ya tiene el tenderete montado", dio el pistoletazo de salida el primo de Freud. El lebrel polaco enfiló los libros del suelo y se preparó en un momento una torre de babel coronada por unos encartes desplumados de Baudelaire y un poema de Verlaine. Fray negociaba con el chamarilero por una enciclopedia de cine con sus argumentos de perro viejo:" le falta un volumen y los lomos están mal conservados". A su lado el mamporrero de Gromov facilitaba el descuento asegurando que esa Historia del cine salía mucho en el Rastro y que otro día la podría conseguir más barata.
En la hora de las despedidas, sin esperar al desastre del Factótum berciano de Furgodesastre, Gromov hizo una foto al maletero de Tinofc y otra al de Larsen para su sección bloguera de Parecidos razonables.
Cantareros 3
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