9 de julio de 2015

Avisos


Esta hoja apareció en el diario Correo de otra parte de MSO

[el trapero]

Diario de un escritor cobarde










[el trapero]

Catorce vidas


El Rastro, verano de 2015








[Larsen]

Peregrinos cansinos



Sobre la fiebre del Camino, la moda de peregrinar y lo pintoresco de la Ruta


típico y tópico romero

 estrafalario albergue en Reliegos


brasileño con recua de perros


peregrinando con jaula y jilguero a la espalda






“Este Camino de Santiago donde los buscadores de emociones auténticas se ven sumidos permanentemente en la artificialidad, es la consagración de la paradoja. Artificial es el trazado del Camino –poco que ver con el de antaño-, artificiales son los albergues y refugios, las gentes, y sobre todo los anhelos de los propios caminantes.”

(de Nunca llegaré a Santiago, libro recientemente reeditado de Gregorio Morán)



[JVTN]


8 de julio de 2015

Seguro que esta historia te suena












[Larsen]


De la vieja escuela


Verduritas del polaco. Foto de Tinofc


- ¿Qué tal en el mercadillo de Cadórniga? (Bombita)
- No había nada. (el polaco)
- Siempre dices lo mismo. Entonces, ¿a qué vas, todos los sábados? (el Bombita)
- Voy a por unos puerros y pimientos a la plaza. (el polaco)


Oído y visto en el Rastro

Libro de la semana






[Tinofc]

Las malas lenguas






"Estuve en Alejandría en la presentación de Rosa rosae y vi animada la librería. Por los comentarios previos de los escritores parecía más que presentasen el Quijote traducido de Trapiello que la novela histórica de Víctor Botas. J. Bonilla sigue intrigado por la identidad del malvado Leo Garduña".

Oído en el Rastro

Bestiario del Quijote (XLV)





Don Quijeckyll vs. Quihyde



Además de la sanchificación de Don Quijote y la quijotización de Sancho que analizó sabiamente Madariaga, hay otros binomios (como el que encabeza estas líneas) que aún no han merecido suficiente atención crítica en la tan traída y llevada dicotomía Alonso Quijano - Don Quijote. Porque si dejando de lado al Hidalgo nos centramos únicamente en el Caballero, aún así se observa una especie de disociación dentro de la propia chifladura del personaje, que es en palabras de Cervantes “un entreverado loco, lleno de lúcidos intervalos”. Pero ojo: aún en esos remansos de locura, Don Quijote lo sigue siendo (al menos, hasta justo antes de morir).

Como el manso Jesucristo con los mercaderes del templo, el suave Caballero de la Triste Figura a veces se desconoce y enajena, encarando tales acciones y soltando tales exabruptos que no lo identificaríamos con el arquetipo que tenemos de él. Uno casi apostaría a que esas enrabietadas metamorfosis son obra de pócimas que trastocan su natural apacible: y no nos referimos al salutífero bálsamo de Fierabrás o al aceite de Aparicio, sino a ponzoñas como las que convirtieron a Tomás Rodaja en el viperino Licenciado Vidriera, o más modernamente, al cabal Doctor Jekyll en el animal de Míster Hyde.

Pero no es ésta la única de las transformaciones del Quijote, que de hecho está plagado de ellas. Nos estamos refiriendo, claro está, a la mágica labor de los muchos encantadores que aparecen en la obra. Una de sus más notables mutaciones realizadas mediante ensalmos es la de la evanescente Dulcinea en una saladora de puercos con olor a ajos, que sus buenos azotes le costó a Sancho Panza. Y esto sin entrar en detalles de mujeres que peinan barbas, travestis de ambos recorridos, e incluso hombres-burro de larga tradición literaria (de Apuleyo hasta Collodi, al menos).

Cuenta Nabokov (¿o fue Borges?) que uno de los mayores hallazgos narrativos del relato bipolar de Stevenson consiste en que el lector sólo identifica al bueno del Doctor Jekyll con el desalmado Míster Hyde al final de la obra (esto, claro, antes de que el monstruo se convirtiera en universal; o, para ser más precisos, de que se convirtiera en un archiconocido monstruo de la Universal). Pero ya Cervantes había utilizado previamente este recurso de confundir personajes aparentemente ajenos en el Quijote: por ejemplo, con Ginés de Pasamonte - Maese Pedro. E incluso si incluimos aquí algunas anagnórisis (o reconocimientos) como la del Mozo de mulas o la del Oidor (entre muchas otras que acontecen en la venta-camarote de los hermanos Marx), la nómina aún aumenta.
(Gromov)