24 de junio de 2016

Et in Arcadia ego (Novedad Ultramarina)




                                                                                C O L E C C I Ó N  P A P E L E S  Á S P E R O S



[malabia]

Librastrófilos Nº 8 (Novedad Ultramarina)


[el cuervo]

Las malas lenguas




«¡Vaya semanita! Circo poético. Menos mal que uno solo gasta ultramarinos».

WhatsApp del polaco On the road


Ultramarinos Finos


Cádiz

[Morti]

23 de junio de 2016

Galaterarias


M A Y O 





Después de escuchar el pregón de la Feria del Libro, La canción del disidente, de Tomás Sánchez Santiago, dimos una vuelta por el recinto ferial donde el rey de copas H. Eolas escuchaba, con paciencia, la demanda de dos jubiladas, y Rompetechos Taranilla buscaba la fama en cada caseta.
 Ante la deprimente oferta literaria decidimos acercarnos a Sierra Pambley. En la librería nos recibió con la amabilidad del vendedor de seguros un joven becaria de mirada alegre y pose británica. El alto volumen del hilo musical, donde una voz grave anunciaba el comienzo de un Madrigal de Tomás Luis de Victoria,  nos impidió escuchar la respuesta a la pregunta de dónde estaba Leo.
El trapero Larsen se puso a girar la rueda fortuna de los libros de bolsillo mientras esperaba que no alargara la libertina siesta el librero. Al final apareció el Sr. Valín algo despeinado por el sofá. «Hombre, malabia y compañía, pero, ¿hay tertulia ultramarina?, si Tinofc nacional 630 no me había dicho nada». El librero, un poco apurado entró en su camerino donde se atusó la somnolencia y se puso el batín de voy a hacer algo.
«No os vimos en la fiesta del noventa cumpleaños de la Reina de Inglaterra. Menuda party montamos con las pastas, el té y la musica de los Sex Pistols. Os perdistéis la instantánea del dedo meñique del polaco sujetando la taza de infusión. Mirad todavía quedan restos de la fiesta de palacio: los banderines, la bandera con la efigie de Isabel II, las serpentinas y el confeti entre las hojas de los libros».

Da lo mismo el día que vayamos porque siempre acaba entrando el hombre de negro con su bolso de urbanita. Esta vez le acompañaba su hija que, aprovechando la debilidad del padre, le pidió los siete volúmenes de Juegos de Tronos mientras Leo se frotaba los ojos ante semejante espejismo. «Lo siento, no los tenemos pero te los podemos pedir», dijo la joven con la seguridad que da las frases repetidas.  Una pareja de holandeses preguntaron por un libro de la segunda guerra mundial en inglés (¡Joder, venir de turismo a España para comprar libros de estrategia militar!). El librero desplegó la escalera de Ikea y se asomó al escaparate manteniendo el equilibrio del funambulista, y con una escoba lo sacó. La joven becaria fichaba en el ordenador las novedades mirando de reojo a la cofradía ultramarina por si birlaban algún libro (se rumorea que el trapero solo distrae libros de Gamoneda, el oráculo de la provincia).

Cuando se despejó la tienda cervantina Leo, entre risas tímidas, empezó a desahogarse: «últimamente no veo nada al sigiloso polaco; dicen las malas lenguas ultramarinas que queda en el mesón El Chicho con el escritor exiliado en el norte para intercambiar revistas literarias y otros papeles. Creo que no dejan a ninguno de los cofrades de Cantareros sin descabezar (oye, pero esto no lo pongas en tus crónicas rancias). Le ha dicho el jerezano si es posible ver su biblioteca acompañado por su librero de cabecera. Ante esta propuesta el polaco torció el morro y les dijo que estaba colocando los libros de 1999 que todavían estaban en cajas; que tuviese paciencia que todo llegará. Todo quedó en el aire. ¿Se creerá JB que en el altillo tiene el santo Grial de los libros? (esto no lo pongas que me la juego). Ahora, el amigo, estará en Sevilla disfrutando de su patio, su limonero y su biblioteca. Se habrá quitado, por fin, las cuatro camisetas donde se le pegaba todo el frío de León». 

Dimos una vuelta por el trastero galateo para ver las novedades poéticas. El editor malabia se entretenía leyendo los poemas místicos de J. M. Álvarez para ahorrarse los 24 eurazos gromovianos. El trapero comparó dos libros de la editorial Renacimiento, y llegó a la conclusión de que el tamaño sí que importa a la hora de inflar el verso, perdón, el precio.
Entró en la librería un individuo con gorra de Lacoste preguntando por el Bestiario de seres fantásticos de Taranilla en la editorial Almuzara. La joven dependienta le dijo que llegará la próxima semana. También se interesó por las Leyendas de los Reinos de la Meseta Norte. Leo le enseñó el cartel de promoción con un Cid de cartón piedra recorriendo las tierras de Burgos y le aseguró que lo iba a poner como libro de la semana en su tablón de anuncios. El señor se lo agradeció efusivamente y se presentó lo mismo que se despidió como el autor de las Leyendas, Juan Salvador Chico. 
«Vamos a cerrar», con esta contraseña la joven becaria nos invitaba a irnos (el reloj marcaba la una). Cada uno eligió un libro y Larsen, dos: Bibliotea en llamas, de JB y Últimos pasajes a la diferencia, de Bruno Marcos.

Cuando salimos nos pareció ver a Tinofc y a su bicicleta en la cubierta de Las heridas de la memoria de Secundino Serrano que adornaba el pizarrón de la calle.


Capricho extremeño











Regalo del amigo Elías Moro, siempre tan generoso. ¡Mil gracias!

[El trapero]

Hoy he hecho una buena acción





Hoy he restaurado un libro, éste cuya historia conté aquí.







Es una edición algo desportillada de Ana Karenina en la colección Joya y hasta ayer no había podido hacerme con otro ejemplar de la misma camada (hay tres ediciones en Aguilar, todas con paginaciones distintas).

[Gromov] 








Absorbido



Fotomontaje de Elena Rodríguez 


Absorbido

Llevaba días dándole vueltas y no sabía cómo continuar. Sólo emborronaba folios y más folios que indefectiblemente acababan en la papelera y no era capaz de seguir adelante. Me temía que de continuar así acabarían también en la papelera todos los que ya tenía escritos. Miraba absorto los bosquejos que formaba el humo de mis cigarrillos, creía tener alguna idea para avanzar pero duraba lo que las caprichosas figuras de humo. Me sentía enjaulado. Un muro se había levantado en mi mente y era incapaz de sortearlo. Me aplastaba en mis propios pensamientos pero no surgía la chispa. No veía la luz. Ante cualquier intento mi mente topaba con una espiral cuya fuerza atrapaba mis ideas, las absorbía y desaparecían en el sumidero que lleva a la nada. Las primeras ansiedades se convirtieron en esa angustia que, como corroe el ácido la carne, corroe el alma de los artistas cuando son incapaces de crear. 

Lo que al principio había esbozado como un pequeño cuento fue tomando cuerpo y el ambiente, la trama y los personajes fueron agrandándose dilatando el relato. Con pasmosa facilidad, antes tantas veces esquiva, se amontonaban folios escritos y capítulos trabados entre sí. Pero a la vez que se extendía la narración iba cambiando la psicología del protagonista Manu Malpica. El personaje, o mejor, su psique se iba retorciendo según avanzaban los capítulos hasta convertirse en un ser perverso y abominable, y lo peor de todo es que yo no era del todo consciente de su omnipresencia. Había colonizado totalmente los últimos capítulos. Quizás el bloqueo creativo que sufrí fue un aviso, un mecanismo de defensa. Como un fusible de un aparato eléctrico. Era momento de distanciarme y con gran esfuerzo me alejé unos días del relato. Después cuando lo retomé, releyendo lo que había escrito vi con claridad lo que antes sólo presentía: mi obsesión por Manu Malpica. He estado luchando inconscientemente contra la notoriedad del protagonista y esto me ha tenido paralizado y ofuscado, incapaz de seguir con el relato. Por no sé qué mecanismo psíquico de transferencia Manu Malpica, mi creación, se había introducido de tal manera en mi cerebro que era él quien me dictaba y me ordenaba que lo convirtiera en un personaje ignominioso hasta la náusea. 

Sólo he podido aguantar sin escribir unos días, mi voluntad no da para más. Durante ese tiempo Manu Malpica no me ha abandonado ni un instante. Ahora sé que tengo que dar un giro a los acontecimientos, al fin y al cabo Manu Malpica es mi creación. Tengo que decirlo alto: es mi creación. Yo puedo hacer lo que me venga en gana con él y ya sé lo que haré. Le haré sufrir. Sí, eso es, ahora lo veo cristalino, eso es lo que estaba buscando, por fin la luz. Palidece aquel muro ciclópeo que me acorralaba hasta desmoronarse. Manu Malpica seguirás siendo un ser cruel y depravado pero no escaparás al destino que te he preparado.

Ya está hecho, después de todo no ha sido tan difícil. ¡Cómo ha cambiado la  novela!  Ahora una sola idea te taladra el cerebro Manu Malpica: venganza. Cómo te roe las entrañas ese deseo imposible. Puedes morderte los dientes hasta que estallen, puedes recocerte en tu propia sangre, pero contra quién te vas a vengar Manu, a quién vas a castigar ahora, encogido como un ovillo en un camastro, tu solo en una sórdida habitación acolchada  con olor a vómitos. Puedes mirar con todo el odio que quieras. ¡Ja, ja, ja! Manu Malpica, estás jodido.

Hace tiempo que me quedé sin tabaco y suena en la cadena, por enésima vez The Raven. Estoy agotado, casi exhausto, llevo horas y horas escribiendo y se me han pasado en un suspiro. Quizás haya perdido calidad el relato, tan ensañándome con Manu Malpica, pero lo necesitaba. Siento un profundo alivio en mi pecho y aunque muy cansado creo que me quedan fuerzas para poner el punto y final a la novela. Pensaré en el epílogo. No, mejor releeré el último capítulo. Sí … ¡qué curioso! me llega un olor familiar, acre … ácido, pero me siento tan rendido que no logro identificarlo. Creo que huele a tinta sobre papel. Se me entrecierran los párpados y me siento entre penumbras. Ese olor, ese olor no es de tinta, parece … ¡es de vómitos! Ya no suena Lou Reed. Sólo un chirrido. ¿De dónde viene es chirrido? Parece de muelles. De puro cansancio creo que estoy alucinando. Me giro y veo de dónde proviene el chirrido metálico, en el fondo de la habitación alguien se está levantando de un camastro y viene hacia mí. Instintivamente retrocedo dando unos pasos hacia atrás, sin dejar de mirar al hombre que se me aceraca, hasta que mi espalda choca contra algo blando. Lo palpo con las manos y… se me corta el aliento al comprobar que las paredes están acolchadas.

[El Amanuense]



22 de junio de 2016

Extremadura





 Capricho Extremeño, A. Trapiello
[el trapero]


Querido diario


© Ilustración: Avelino Fierro.

                                                                 Querido diario


[A. F.]

Parecidos razonables



Esas memorables portadas de TOR...

(Piero della Biondetta)



My secret life







Nuestra vida secreta está registrada
en el historial de búsquedas de internet





UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO

Charlus & Jupien




Carta no enviada









Manual de Ultramarinos presentará este sábado, 25 junio, Leyendo la fuga, el último poemario del poeta Luis Santana.

[Larsen]


21 de junio de 2016

Estornudo bibliopoético




YO . . . EL LIBRO USADO





“Soy conocimiento, luz y pensamiento.” 

Orgulloso grito,
mi origen bendito,
nací en una imprenta,
sin mancha ni afrenta.

Crecí en los estantes,
baldas, confortantes,
pasé varios años
en los entrepaños.

Anaquel, repisa,
sin correrme prisa,
me mostré en vitrinas,
algunas muy finas.

Probé aparador,
también mostrador,
sabia estantería,
de una librería.

Por cierto descuido,
caí en el olvido,
sólo, sin respaldo,
viví siendo saldo.

En bodegas varias,
sintiéndome paria,
estuve apilado,
dañado, . . . cansado.

Lleno de pesares,
conocí bazares,
anduve en las “ferias”
de las periferias.

En tianguis de barrio,
padecí “mal fario”,
sentí escalofrío,
toqué suelo frío.

Sufrí, cual gusano,
fui de mano en mano,
de gente ignorante,
conducta aberrante.

“Cháchara”, me dicen,
“viejo”, me maldicen,
arrancan mis pastas,
preciosas y castas.

Me rompen las hojas,
que lucen añosas,
me pisan, me avientan,
mi ser desalientan.

Hoy, luzco maltrecho,
mas no soy desecho,
aunque estoy “usado”, . . .
quiero ser comprado.

Respeto exijo,
con celo prolijo,
requiero cuidado,
ser revalorado.

Pues, no soy “pirata”,
de tinta barata,
cultura contengo,
a eso me atengo.

Necesito, urgente,
por lúcida gente,
ser reglamentado
y . . . dignificado.

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
México, D. F., a 15 de octubre del 2007

Dedicado a mi papá,
Gonzalo Ramos Amaya (QEPD)

Reg. SEP Indautor No. 03-2008-071113112400-14

[Gromov] 




20 de junio de 2016

Sombra mínima







Manual de Ultramarinos presentará este sábado Leyendo la fuga, el último poemario del poeta Luis Santana.

[Larsen]

Pretextos









Me dicen que un domingo que yo no estaba apareció
en el Rastro un gitano con una montonera de Pre-Textos y que afirmó que tenía un almacén lleno de ellos.

Encontrarse un Pre-Textos o un Acantilado en pleno mercadillo es como decir: "esta chica es demasiado guapa para dedicarse al porno". 



[Della Biondetta: verídico]




Avisos






[Morti]

Fuga mundi







[Morti]


Las malas lenguas



- ¿Dónde presentas el libro?
- En el MUSAC multiusos.

Visto y oído en la calle

Bestiario de Indias (V)






Se transformaba a los indios en bestias de carga, porque resistían un peso mayor que el que soportaba el débil lomo de la llama, y de paso se comprobaba que, en efecto, los indios eran bestias de carga. Un virrey de México consideraba que no había mejor remedio que el trabajo en las minas para curar la «maldad natural» de los indígenas. Juan Ginés de Sepúlveda, el humanista, sostenía que los indios merecían el trato que recibían porque sus pecados e idolatrías constituían una ofensa contra Dios. El conde de Buffon afirmaba que no se registraba en los indios, animales frígidos y débiles, «ninguna actividad del alma». El abate De Paw inventaba una América donde los indios degenerados alternaban con perros que no sabían ladrar, vacas incomestibles y camellos impotentes. La América de Voltaire, habitada por indios perezosos y estúpidos, tenía cerdos con el ombligo a la espalda y leones calvos y cobardes. Bacon, De Maistre, Montesquieu, Hume y Bodin se negaron a reconocer como semejantes a los «hombres degradados» del Nuevo Mundo. 


[Gromov: comprado ayer en el mercadillo de Valladolid 
por la viva recomendación del bibliotecario ácrata]