21 de febrero de 2014

Bestiario del Rastro (XI)



 Los Más Preclaros Especímenes de la Rastrosfera


XI

Monstruos Ultramarinos

El inconsciente colectivo medieval creía en la existencia de seres ignotos y temibles que habitaban Allende los Mares. En esos parajes inexplorados los cartógrafos escribían hic sunt dracones (“aquí hay dragones”) o dibujaban serpientes gigantes. Estas criaturas fantásticas eran el ineludible fielato en la búsqueda y conquista de la lejana Terra Incognita  (cf., entre otros, Ambroise Paré: Monstruos y prodigios; y Vladimir Acosta: Viajeros y Maravillas).

Redivivos en el territorio mítico del Rastro, también campan aquí a sus anchas los ultramarinos: animales de libro, monstruos que dan miedo únicamente por su desconocimiento. Por primera vez salen a la luz.


  • Bitabom: Innoble bruto, montaraz y elusivo donde los haya, tiene intereses bibliográficos exclusivos y sólo lidia con aquellos ejemplares que están en su onda. Tiene un exoesqueleto con más conchas que un galápago. 

  • Enseamanu: Fiera corrupia con latigosa lengua de siete colas que, Deo gratias, suele mantener envainada. Es implacable en todo tipo de transacciones de libro antiguo (que no viejo). Sólo es visible de perfil.

  • Movgro: Alimaña verborreica de voracidad atroz. Nada desdeña (“no hay libro malo que no tenga algo bueno”).

  • Nofcti: Dragón echahumos de grave continente. No deja títere con cabeza en lo que se refiere a la poesía y las vanguardias.

  • Senlar: Bestia factótum que arrampla con todo, especialmente si de literatura alternativa se trata (“se los traga crudos”). Es inconfundible por su larga pelambre y sus desharrapados mitones.


 [Frenología: teratológica; Fisiognomía: salvajemente humana].



[Gromov]

20 de febrero de 2014

Bestiario del Rastro (X)




 Los Más Preclaros Especímenes de la Rastrosfera

X
 
Hurón y Urraca

Estas dos especies, situadas en ramas lejanas del cladograma evolutivo (mamífero mustélido y ave paseriforme, respectivamente) tienen, sin embargo, una característica común. Tanto el Mustela Putorius Furo como la Pica Pica (o sea, la “pega”, el otro nombre de la urraca)  derivan sus denominaciones de fur / furax, que en latín significa “ladrón / proclive al robo”.

En el caso del hurón, aparte de esa atávica tendencia a la cleptomanía, hay otros dos rasgos peculiares en su idiosincrasia: su hostilidad y temperamento “huraño”, ajeno a cualquier intento de socialización (aunque acabe por domesticarse), y su necesidad casi biológica de hurgar en lo escondido y enterarse de lo secreto. El Rastro, ese extraño y misterioso lugar, se presta especialmente al huroneo en cualquiera de tales acepciones. Por eso allí, inexcusablemente, haga frío o calor, veréis husmear a este espécimen buscando qué llevarse a su guarida o “hura”.

La urraca, por el contrario, no tiene un carácter tan desabrido: es más expansiva y gusta de darle al pico. Todo el mundo sabe que se le van los ojos detrás de las cosas pequeñas y brillantes, y por eso la quincalla y el oropel del Rastro son también de su particular predilección. Además, le encantan las rendijas y huecos, por lo que en los últimos tiempos, desde la aparición de los contenedores azules de reciclado, es irrefrenable su deseo de extraer de su interior (por medios propios o con ayuda de mecanismos articulados) diverso material impreso que suele acabar… ¿dónde si no?... de nuevo en el Rastro. Uno de sus vendedores, que mercaba con cantidad de libros y revistas así obtenidos, solía desgañitarse frente a las montoneras de papel rescatado de la troceadora, gritando para captar clientes: “¡El que quiere perlas tiene que bucear!”.


[Frenología: claramente diferenciada, pero con protuberancias lombrosianas comunes; Fisiognomía: comparten lo inquisitivo de sus ojos.]


[Gromov ]


19 de febrero de 2014

Las malas compañías



El Rastro, invierno del 2014



Tanto vagar por el Rastro que se nos pegan las malas mañas de los pícaros.
Tinofc y Larsen se escondían en el invernadero, la lona de plástico que cubría los libros del Lituano de la lluvia. Este invierno no da tregua. Los pocos vendedores que desplegaron, de mañana, sus carritos y bolsas estaban ya recogiendo y maldecían la secreta presencia   a la señora de las nieves.
En el Tendido coincidimos con el Amanuense y Gromov que no habían hecho caso de las predicciones del horóscopo isidoriano ni el  de Covarrubias. Como sólo teníamos un paraguas y eramos cuatro decidimos irnos al bar de la Trini. Fuimos pidiendo los cafés por orden de lista y cuando le tocó al ruso preguntó si tenían caldo de rabo de toro. La camarera nos miraba extrañada pensando si era una broma, solamente cuando vio reir a la tropa marina liberó la tensión con una carcajada. El Amanuense tiró de boletín de emergencias y le dio una posible solución a la joven: "prepárale una infusión con una pastilla de avecrén". Gromov, viendo la escritura jeroglífica del escribano en su poleskine, le pedía que no pusiera nada personal, ya que el trapero no era la persona idónea para hacer su biografía.
Mientras el docto Spasavic hablaba de los errores del blog, el Zorro plateado pedía la palabra para hablar de los libreros que había conocido en sus rondas rastreras. Por la barra del bar fueron desfilando Berna, el progresista, librero del Aleph; el primo de Freud recordó a Jose, jubilado de la mina, Chuki, el vendedor ambulante, y a Joni el tabacalero.
 El Polaco nos contó que había comprado una biblia en Reto; el Amanuense al reconocer la edición le dijo que le faltaba un tomo y que la traducción no era buena ni el papel era imperial. Los que nos movemos por estos andurriales de la quincalla y el papel mojado sabemos que si la suerte te acompaña en una buena compra no faltarán amigos que enseguida saquen todos los defectos para tengas un aterrizaje sin paracaídas. En estas lides Fray y Gromov son maestros del infortunio ajeno.
Al Trapero con la humedad le entró la curiosidad por saber algo más de los bohemios de León; nada más echar el anzuelo, picó Fernández de la casquería, que sacó del bolsillo unas hojas perdidas, donde tenía unos apuntes sacados del libro Desgarrados y excéntricos de Prada y nos dio unos datos precisos de estos parásitos de la Rúa. Nos comentó que pronto tendría en la Casquería  a los modernos de Palencia: Arconada y Lasso.
Como la nevada no cesaba alargamos la tertulia recordando las fotos de librerías de escritores que necesitaban de lupa.¡Vanidad de vanidades! !Qué vuelva Quevedo!
"Tú, (Tinofc) tendrás una de las mejores bibliotecas de poesía de la provincia después de Garnach", disparó con silenciador Gromov. El Polaco precavido se calló para otorgar y por no dar demasiados datos al lazarillo de la Pulpfotocopia.
Todos los manuales de discreción señalan que la mejor forma de romper un silencio incómodo era colgando una pregunta. "¿Os suena la editorial Lorenzana?", a nadie le sonaba excepto al de siempre: Eruditus, que empezó recordando su traducciones pésimas y lanzó un órdago diciendo la fecha de la fundación de la editorial.
Salimos de bar (borgiano) Arena sin poder aclarar la duda gromoviana: si los gigantes del Quijote podían considerarse materia de bestiario (merecería comentario aparte la bestiariofilia que padece, cada vez más acentuada, el inquilino del Pabellón).
Dimos una vuelta por la Cacharrería solamente por ver si escampaba. En el puesto de los Irreventes nos amenazaron con sacar libros serios a un euro. Vaciaba las cajas ante la desidia de los ultramarinos. Apareció un libro sobre Los secretos del whisky que hizo las delicias de Tinofc, pero prefería perder el tiempo en la destilación más que en su lectura. Gromov se lamentaba de lo caro que le había salido en el Anticuario los Artículos de Cunqueiro que se llevó Larsen por una moneda.
El Ultraísta se largaba en la furgodesván por si se cerraba el Manzanal y llegaba Michichalequines que, con la chulería de siempre, nos saludó: !Vaya día¡
La mañana terminó como terminan muchas de estas crónicas surrealistas: en el maletero del Polaco comprobando si la traducción de la biblia era de Jerónimo o de Casiodoro.
Cuando se fue Spasavic, Tinofc resoplaba: "Creí que me iba a pedir un tomo para compulsar con la edición latina que tiene en Valladolid. No dejéis de leer el artículo de El Greco y el Rastro del poeta de Manzaneda en su hemeroflexia".
 Con esta consigna polaca nos alejamos del lugar cada vez más blanco y desierto.


Bestiario del Rastro (IX)




Los Más Preclaros Especímenes de la Rastrosfera

IX

Barbo Gitano


Quién sabe por qué, existe una gran asociación entre el mundo animal acuático y la gitanería. Baste con citar los apodos de algunos de sus más famosos artistas flamencos: Camarón, Cigala, Pescaílla,… De hecho (lo que sigue no es zoología fantástica, sino muy real, cf. gypaetus.org), uno de los peces de río más abundantes y apreciados, el Luciobarbus Sclateri, se denomina vulgarmente “barbo gitano”. Esta es una explicación del éxito de su supervivencia: 
El barbo gitano ha sido capaz de aprovechar muy bien los nuevos hábitats de ríos embalsados, siempre que tengan tributarios que permitan el desove y el refugio de los alevines frente a la predación de las especies introducidas. Así se ha convertido en una especie autóctona de las más ubicuas, siendo localmente muy abundante. Se alimenta casi de cualquier cosa, desde macroinvertebrados hasta pequeños peces, pasando por detritus y plantas.
De manera análoga, también en ese coto cerrado que es el Rastro ha proliferado con una gran implantación el vendedor gitano (es vago su origen; su denominación deriva de aegyptanus, por haber sido Egipto una de las etapas de su histórica migración) hasta el punto de que hoy en día su población parece haber perdido en buena medida el tradicional carácter nómada y haberse asentado bastante.

Sus miembros mantienen un alto nivel de cohesión (aparentemente son todos, en mayor o menor grado, de la misma familia) y son reacios a la inmersión o la hibridación con otras especies. Comercian con todo lo comerciable y se han hecho hueco por méritos propios en un difícil mercado, donde la supervivencia de la especie sigue pautas malthusianas: pues la feroz competencia crece en progresión aritmética, al tiempo que el escaso dinero en circulación decrece en progresión geométrica.

Confesamos no entender sus modos de pensamiento: en concreto, sus inusitadas estrategias de venta (aquí tenemos en mente la variedad de los librastrófilos, que es con la que más hemos tratado). En ocasiones te piden una nimiedad por un incunable y otras veces quieren un Potosí por un adoquín de biblioteca. Además, aunque te interese un solo libro, seguro que te compensa más hacerles lote, aunque luego la media docena de ladrillos de añadidura los tengas que reciclar. Y que no se te ocurra dar tú la primera cifra en el regateo, aunque ésta sea justa: despídete entonces, porque te crujen. En definitiva, que la relación calidad / precio es un arcano para ellos (aunque no para nosotros: casi casi cumplen matemáticamente la ley de que calidad x precio = constante). Pero es eso precisamente, la imprevisibilidad de sus valoraciones y lo inesperado de sus mercancías, lo que nos atrae a sus puestos como moscas a la miel (o a la mierda).

Últimamente, sobre todo los especímenes más jóvenes, nativos digitales algunos de ellos, hacen uso de internet, incluso in situ mediante móviles de última generación (les chifla la tecnología punta), para calibrar la cuantía monetaria de sus artículos. Pero no parece que en eso le estén sacando demasiado partido a sus modernos artilugios, pues incluso con tal asistencia técnica, sus salidas de pata de banco nos dejan tan descolocados como cuando fían simplemente a su instinto.

La presencia gitana, consustancial al Rastro, no parece peligrar a medio plazo, pero si cupiese tal eventualidad sería una clara candidata a obtener el marchamo de especie protegida, y el Rastro el de enclave de incuestionable interés medioambiental.


[Frenología: braquicefalia, etmoides anfractuoso; Fisiognomía: cara atezada, ojos oscuros, orejas redondas, nariz y labios perfilados].

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[Gromov]