28 de mayo de 2014

El FARO astorgano



Murias de Rechivaldo








[El trapero]


¿Generación ultramarina?


No existe tal generación, y si existe yo no pertenezco a ella  (Pío Baroja, sobre la del 98)



Se ha representado una generación como (Ortega dixit)  "una caravana dentro de la cual va el hombre prisionero, pero a la vez secretamente voluntario y satisfecho. Va en ella fiel a los poetas de su edad, a las ideas políticas de su tiempo, al tipo de mujer triunfante en su mocedad y hasta al modo de andar usado a los veinticinco años. De cuando en cuando se ve pasar otra caravana con su raro perfil extranjero: es la otra generación. Tal vez en un día festival la orgía mezcla a ambas, pero a la hora de vivir la existencia normal, la caótica fusión se disgrega en los dos grupos verdaderamente orgánicos. Cada individuo reconoce misteriosamente a los demás de su colectividad, como las hormigas de cada hormiguero se distinguen por una peculiar adoración. El descubrimiento de que estamos fatalmente adscritos a un cierto grupo de edad y a un estilo de vida es una de las experiencias melancólicas que, antes o después, todo hombre sensible llega a hacer".

[El que no salió en la foto]

Catálogo Ultramarino

Libro de estilo (II)






Sobre la autoría de los textos


Son prescindibles las variaciones y paráfrasis, los corta-pega, los clip texts, los retuiteos, los plagios (incluidos autoplagios), los refritos, los repositorios y las citas de diccionarios enciclopédicos, con especial énfasis en la pseudo-erudición wikipediana.


[El staff]



¿Y a nosotros qué? Aquí “disponemos de frases no conocidas, de expresiones extrañas en nuevos lenguajes jamás empleados antes, libres de repeticiones y de palabras rancias ya desgastadas por los antepasados”, como dijo Jajeperresenb, escriba egipcio, hace, más o menos, cuatro mil años.


[Los originales colaboradores]

27 de mayo de 2014

Mortisaga en el cementerio de los iconoclastas










II. EL CEMENTERIO DE LAMINIUM


3

LA TRASTIENDA


Aún me pregunto hoy si, recién arrumbado en aquel cuchitril saturado de lignina oxidada en su atmósfera, fue el accidente sufrido lo que me inclinó a realizar aquellas primeras lecturas siamesas, antes de fondear la rebotica a la que había ido a parar, o fue mi particular manera de echar el ancla en aquel sembrado, quizás por miedo a que el viaje no hubiera concluido del todo, y no tuviera la certeza absoluta de que no se tratara de un sueño. Uno nunca sabe cómo va a reaccionar frente a la realidad soñada, porque  además había en mi nueva situación algo familiar, cercano, deseado; por eso llegué a la conclusión de que más de una vez mi subconsciente había hoyado aquel destino, y ahora me tocaba reconocerlo con mis sentidos, pero eso sólo me era posible aferrándome a la materialidad de lo individual y concreto, con detenimiento y hasta delectación, y de qué mejor modo puede un lector asirse a un amor que teme volátil, que masticando sus fibras, en este caso tejidas con palabras, realidades de otras realidades, mundos de otros mundos, placeres gaseosos de lentas combustiones, infiernos bullentes y calmos de vidas aún por germinar. Aunque si me paro a pensar en todos y cada uno de los prodigiosos libros que allí había, muchos de los cuales no me daría tiempo a degustar jamás, de poco valdría el argumentario o la justificación anterior, que no sea la de los horizontes emasculados con los que salen las miradas en su primer viaje, hasta que a sus ojos les vuelven a crecer las estrellas de mares nuevos. Pero como el arrepentimiento siempre pertenece a un pasado escrito en piedras fugaces, de poco vale torturar las razones de por qué tomamos una decisión y no otra. Así es que dejémonos de lirismos infecundos y vayamos a la trastienda del cementerio de Laminium. En aquellos instantes no pude imaginar que al otro lado hubiera una librería, de la cual estaba separada por una puerta cerrada con seis vidrios amarillos, labrados y translúcidos, que poca luz filtraban por estar lejos del pequeño escaparate de la fachada, pero como es sabido que a las criaturas nocturnas los resplandores del día nos abruma en la somnolencia, agradecí la penumbra sólo para situarme en las primeras horas del amanecer, no porque me ayudara en mi escrutinio, sobre el cual, en un alarde de inusual sinceridad en un narrador, declaro la artimaña de mezclar aquel testimonio parcial con lo que supe más tarde, aquel mismo día y semanas sucesivas. Aquella habitación poseía un aspecto rústico y provisional, daba la impresión de que tanto los anaqueles de chapa gris almacén, como la mesa de roble, desportillada en todos sus bordes, y dos baúles descoloridos de haya con herrajes antiguos pintados de negro, fueran a ser retirados en cualquier momento, incluso los libros amontonados en una barahúnda tumultuosa parecían esperar un equilibrio clasificador que los elevara a una categoría que según ellos merecían, sobre todo cuando en mi primera aproximación me di cuenta de que en cada pared había dos estanterías superpuestas hasta el techo, una delante de la otra, y en cada una de ellas dos filas de libros en cada una de las baldas, que sumaban un total de cuatro, sin contar los ejemplares apelotonados y tumbados unos encima de otros sobre estos, en posiciones que no envidiaría ningún contorsionista circense. Vine así a modificar mi primera apreciación sobre las dimensiones de la estancia, una vez vacía en mi imaginación, lo que me dio una idea de la enorme cantidad de libros allí contenidos. Un espacio que oficiaba de purgatorio, donde aspiraban en la memoria del librero a ocupar un puesto en el olimpo, que no era otro que la sala de visitas, expuestos con orden, aseo y pulcritud, en espera de futuros clientes, y de ahí al estamento más apreciado, el de la biblioteca de un lector apasionado y cuidadoso. Me detendré en los baúles en particular, pues sospeché contendrían una edición de 1672 de Nueva ciencia y filosofía de la destreza de las armas, de Luís Pacheco de Narváez, o uno de los dos ejemplares completos de Floresta de varia poesía, editado en 1562, de Diego Ramírez Pagán, custodiados y aislados en aquel retiro por su gran valor bibliófilo y pecuniario; pero debo adelantar que esta idea sólo era un delirio de bibliópata, como se verá en alguna otra entrega. Estos a su vez estaban relacionados con la presencia de cuatro enigmáticas sillas, que a mi parecer sólo servirían para encaramarse a los últimos anaqueles. He de confesar que disfruté como un niño de todo lo que aprendí en aquella trastienda, pero también he de reconocer que también sufrí lo indecible, cuando averigüé que no a todos los amigos que hice allí les esperaba el noble destino que anhelaban.

José Miguel López-Astilleros



Enemistades literarias: Dostoievski – Turguéniev – Tolstói


 

Las tres cumbres de la Edad de Oro de la literatura rusa se miraban entre ellas de refilón para decidir cuál era más alta.


Dostoievski – Turguéniev


Dostoievski siempre envidió de Turgueniev y Tolstói no su nobleza en sí, sino las óptimas condiciones de vida que ésta les ofrecía para desempeñar con éxito su labor literaria. Él, en cambio, siempre estuvo a la cuarta pregunta, escribiendo a matacaballo y huyendo por media Europa para enjugar sus deudas de juego (que, por cierto, alguna vez pagó con dinero prestado por Turguéniev). Y su devolución consistió en la cruel sátira que hizo del autor de los Relatos de un Cazador en el personaje del novelista Karamazinov de Los Demonios, un gigantón rubio de voz chillona que es blanco de las chanzas del díscolo “príncipe Harry” Stavroguin. El generoso Turguéniev se lo perdonó todo y le cedió el puesto de honor en los fastos del encumbramiento de Pushkin con motivo de la erección de su célebre estatua, y así acabaron sellando viejas rencillas con un cálido abrazo. Pero aquí hay vitriolo para todos: a su vez, el crítico Strájov, amigo en vida de Dostoievski, achacó a éste, ya difunto, apenas un año después de esta reconciliación, todas las taras morales de los enfermizos personajes de sus obras.


Turgueniev – Tolstói


No recuerdo el motivo (el desencadenante está en la biografía de Tolstói por Troyat, seguramente alguna rencilla partidista de occidentalistas y eslavófilos), pero éstos dos no llegaron a un duelo a fusil por muy poco.  De haberse celebrado con derramamiento de sangre, dice Ronald Hingley, no hubiéramos conocido obras como Anna Karénina y Resurrección o Padres e Hijos y Primer Amor. Se deshizo el agravio (si es que lo hubo) casi póstumamente, de  mano de Turguéniev, quien sabedor de su inminente muerte (creo recordar que de cáncer mesentérico, como la Eça de Queiroz) se dirigió por carta desde el extranjero al patriarca de Yasnaia Poliana apostrofándole de “gran escritor de la tierra rusa” y pidiéndole que no abandonase la literatura por los sermones. Al gran santón no le gustó nada la admonición.


Tolstói – Dostoievski


No se llegaron a conocer personalmente en vida (cuando invitaron a Tolstói al citado homenaje a Pushkin, declinó la oferta al saber que acudiría Dostoievski, y así se perdió la oportunidad del encuentro). Aunque sí coincidieron en alguna ocasión sus sufridas esposas, que hicieron buenas migas y se asesoraron mutuamente sobre aspectos pecuniarios relativos a las obras de sus despreocupados (en temas editoriales) maridos. 


Ambos fueron militares (más bien coyunturales) y alguien apuntó lo bien que le quedaba el uniforme al conde y lo mal que le sentaba al exconvicto de Siberia (que fue renganchado a la fuerza de soldado raso para conmutar parte de su pena, pues ya antes de la condena había llegado a ser suboficial de ingenieros). A resultas de sus experiencias, Dostoievski siempre trató a baquetazos a los militares en sus obras (suelen ser borrachuzos y procaces) mientras que Tolstói, pese a ser consciente de la inutilidad del estamento, supo dotarlo de un cierto halo de romanticismo incluso en su etapa más antibelicista (un hijo o yerno suyo que combatió en la guerra ruso-japonesa cuenta lo orgulloso que se sintió al verlo de uniforme, pese a su negación a ultranza de todo tipo de violencia).


Su estilo no puede ser más distinto y hay quien dice que no se puede estar con ambos a la vez (y no estar loco), que hay que ser de uno o de otro. Pero al morir en la estación de Astápovo, Tolstói llevaba en su mochila de prófugo un ejemplar de Los Hermanos Karamazov.


[Piero della Biondetta] 

26 de mayo de 2014

Libro de estilo (I)




Sobre el tratamiento de imágenes


Se encarece el uso de dibujos y fotografías de elaboración propia, desaconsejándose de modo vehemente su alteración: en especial mediante photoshop, ni siquiera con fines de tuneado.
[La redacción]


Eso aquí lo seguimos a rajatabla, la duda ofende.
[Los contribuyentes]

Revista Leviatán




(José Esteban, El Madrid de la República)


[Un ejemplar de la segunda época de esta revista, de los años de la Transición, lleva varias semanas rodando por Reto, pero nadie se lo lleva. Gromov]

25 de mayo de 2014

Las malas compañías



El Rastro, primavera de 2014



El joven del Círculo rondaba el Delta buscando un comprador para un tomo de Shakespeare. Se lo ofreció al polaco que le dijo que él se había quedado en Jacinto Benavente. Llegó Gromov quejándose de ser el último en la lista de prioridades. A la pregunta de cuánto me das, el ruso le pidió precio. Y de ahí no salían. "La mañana es muy larga y el tomo pesa lo suyo, ya hablaremos",  dixit el eslavo.

De camino a Reto fuimos desgranando la vida y milagros de Lois Pereiro ("El clásico desconocido de la literatura gallega del S. XX ". M. Rivas). Larsen recordó que se había comprado la obra completa en un volumen de 800 páginas en la editorial los Libros del silencio. Recordado por su excesos en los tiempos de la movida y por sus versos, un tren de mercancías a punto de descarrilar, que la colza detuvo en la estación de Monforte. Larsen nos repartió unos sonetos y marcapáginas de Carriedo dedicados por el prologuista y onirocrítico M. Paz.

Varada enfrente del Albéitar estaba la nave de Reto. Entre sus cajas aparecieron restos de la librería Pisa y Padre isla: Revistas de poesía, libros de sociología y economía. Como el viento soplaba a favor, muchos de los libros estaban duplicados y eso facilitaba las buenas relaciones.
El apandador del trapero se llevó de una brazada toda la poética del Rastro dejando a Tinofc a verlas venir (las musas de la buena suerte). Soltó un medio rebuzno: "Todas para ti, tontolaba". Más tarde con el rabo entre las piernas se acercó el polaco para hojear la revista Jugar con fuego. "¿Sabes quién está detras de ella?". Ante el silencio de Larsen le piropeó:  "eres un ignorante Ilustrado"; a su lado Gromov se reía escandalosamente como una venganza por las humillaciones del trapero. "Detrás de esta revista está JLGarcía Martín y sus heterónimos. Me la tienes que dejar". " Ya veremos..." 
Gromov se fue contento con un libro de poesía infumable dedicado a las librerías Pisa y Padre Isla que le daba una pátina de nostalgia. Larsen sacó de la bolsa del Árbol un libro de poesía, y quiso leernos unos versos para empezar el camino con buen pie; Tinofc le informaba que ese poeta había estudiado en el instituto con él y que era muy malo (Investigaciones posteriores supimos que sus opiniones las dictaba la vengativa envidia porque le había eclipsado su despegue como activista póetico en el Padre Isla).

Descendíamos hacia la quincallería sorteando furgonetas. "¿Habéis visto a los dos últimos novísimos: Gromov y el Amanuense?", se descojonaba el polaco ahogándose en una tos seca entre las brumas del Ducados mentolín. El ruso, hábilmente, cambió de tema para contarnos que había visto a los catódicos Decano del Rastro y al tío Perruca (Bovac Lico) entrevistándolos sobre el crimen del puente.
Vimos al periodista Garduña con su magnetófono Sanyo y su cámara compacta Lalys. Nos preguntó si habíamos visto al esquivo malabia. Le respondimos que hacía mucho que no sabíamos nada de él. La últimas noticias suyas las leímos en El ultramarinos digital. Nos interrumpió Marconi que llegaba con una radio en cada brazo y a su lado, Bombita voltímetros. "Vamos a descargar al coche, que hoy hay pesca de arrastre".

Larsen le dio a Gromov el diario Nevermore del Cuervo para Avellaneda, una forma de romper esa enemistad  literaria alimentada en las aguas estancadas de los apócrifos. Abandonó el barco dejando a la tripulación a la deriva con el grumete ruso y el malogrado polizón polaco. "Lo que no encuentres de  ocho a nueve de la mañana, ya no lo busques. Todo pérdida", con estas 17 palabras se alejó el trapero.

24 de mayo de 2014

La Dolce Vita








[malabia. En Lisboa brindaré con Peleón]




Mil ... y uno


Piero della Biondetta




Noche tras noche Sherezade enlazó sus historias manteniendo en vilo al gran Shariar hasta que, en la número  1001, su ingenio le ganó el indulto a ella y a todo su reino.


Como cerezas en una cesta, estos posts ultramarinos se han ido enganchando uno tras otro y hoy llegamos al milésimo primero. Esperamos el veredicto.


23 de mayo de 2014

1000 Post ultramarinos





malabia






Juan Carcajo




Ulises Lima





Para celebrar los 1000 post ultramarinos nos han diseñado estos carteles.

[Vokislav K.]







22 de mayo de 2014

Librastrófilos





[el cuervo]


Poleskine




Todas las libretas aparecieron en el Rastro.






















Poleskine: Libreta encontrada en el Rastro. Recibe su nombre como un homenaje al polaco Ocramalliv, gran amante de la Mosleskine donde, entre carajillos y órdagos, escribe sus aforismos impresionistas bonetianos.



[El trapero]