24 de marzo de 2018

Hojeo






«Desde un par de años hasta ahora he estado fuera de la escritura poética. Me olvidé de la poesía y ella se olvidó de mí. Hicimos una tregua. Un son de paz. Un pacto de silencio. Pero en momentos como este, que leo Marta de David Meza, me doy cuenta que perdí. Me perdí. Entre ese momento de silencio y este instante pasaron siglos. Siglos en que poetas nacidos en la década del noventa han venido a relevar todo lo hecho hasta ahora. David Meza sea quizá el primero de ellos, el primogénito, con su libro mayor El sueño de Visnu, del cual Marta es una parte. Cuando digo libro mayor no sólo me refiero al proyecto sino que a una obra que sin lugar a dudas es un punto de quiebre entre el presente y el futuro. Entre lo que se escribió y lo que se escribirá. Decenas de siglos leídos desde la extrañeza de un muchacho que sueña con un Cristo extraterrestre con cola de serpiente, cabeza de pez y agallas. Todo el Nuevo Testamento estaba escrito bajo el mar y no lo sabíamos. Hace mucho que no me emocionaba hasta las lágrimas con un libro de poesía. Nuevamente ha sucedido. Este poeta es un ángel. No lo lean, escúchenlo en sueños. Su obra es una sinfonía celeste y submarina. Su obra no se parece a nada que exista en este mundo. Su obra es la obra de miles de años en que la poesía retuvo a la profecía entre sus brazos. Por fin se ha liberado.»

Héctor Hernández Montecinos


[Larsen]

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