A DAY IN THE LIFE
Hubo un día en mi vida en el que perdí la oportunidad de ser un héroe, colectivo, pero
héroe, al estilo de aquellos “los últimos de...”; me pasó igual que a aquel Fabrice del
Dongo, ignorante de todo lo que le rodeaba en medio del fragor de Waterloo; igual de
ignorante fui yo y solo el inquietante recuerdo que de vez en cuando me asalta y que
todavía hace que me pregunte qué habría sido de mi y de mis entonces futuros días si en
lugar de aquella salvífica y profundísima siesta hubiera oído los porrazos de los
guardias en la puerta de mi habitación y asomado el morro. Sí, seguramente hoy no
tendría morro.
Esa reciente publicación me ha vuelto a traer a las mientes aquellos días, los buenos y
los malos y aunque la traigo aquí, por lo que me afecta, solo es apta y aconsejable para
ex colegiales de aquel monumento de la época, el Johnny, que aunque cerrado como
residencia desde hace diez años, por lo que veo en googlemaps sigue en pie y abierto al
culto. Llamémoslo nostalgia.
tino rivero
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