7 de noviembre de 2013

Trapicheos, chalaneos y otros meneos

El Rastro es el arte de lo posible. (Pseudo-Aristóteles)





Trapicheos, chalaneos y otros meneos


Tal como cuenta Larsen en sus delirantes crónicas (doy fe de que no están escritas bajo efectos lisérgicos ni estupefacientes), últimamente los domingos de Papalaguinda están siendo de lo más infructuoso. Por ello, los seres ultramarinos entretienen su ocio con diligencias vanas, como se muestra en este diálogo entre el Amanuense, Gromov, Tinofc y el propio Larsen, que recogí subrepticiamente y doy aquí.

Larsen: ¡Que desolación! Este Rastro es sinónimo de buscar y no encontrar.

Amanuense: No, hombre. Si hay un verbo consustancial al Rastro, ese es trapichear.

Gromov: Es curioso. Hace unos días miré en el Barcia la etimología de la palabra “trapicheo”. Como “chapapote”, que se puso tristemente de moda hace unos años, tiene un origen colonial. Parece ser que los “trapiches” eran unos  bazares anexos a las plantaciones americanas y así trapichear significa dedicarse al menudeo, al comercio de lo barato.

Larsen: ¿Sabéis si “trapicheo” tiene algo que ver con “chalaneo”?

Gromov: Hay un libro de Bárbara Probst Solomon que se titula Chalaneo y éxtasis. Pero no tengo ni idea.

Amanuense: Creo que un chalán era un tratante avezado en compras y ventas, especialmente con caballos y mulas. Como los antiguos arrieros maragatos…

Larsen: Dices bien, pues Maragatería desapareció con la propia labor del arriero por culpa del advenimiento del tren y el motor. La comarca actual es un invento moderno…

Tinofc: Es verdad, pero su recuerdo perdura en las novelas costumbristas del XIX, en especial las de Galdós, que están plagadas de maragatos. Eran muy estimados por su honradez y actuaban como agentes para llevar comestibles y dinero en efectivo de las familias de los terruños a los vástagos afincados en la capital. La Western Union de entonces, vaya…

Gromov: Tiene sentido. Por lo que he leído, maragato parece derivar del latín “mercator”, es decir, mercader, comerciante. 

Tinofc: Volviendo al tema del Rastro… ¿y “rastreator”? ¿Es un latinismo o un neologismo? ¿Lo habéis visto? Gromov, lo puedes poner en tu bestiario.

Gromov: Quita, quita. Un perro con manos humanas y vestido de Sherlock Holmes. Parece un habitante de la Isla del doctor Moureau. Sólo pensarlo da grima.


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Contribución del sapientísimo Spasavic.

5 de noviembre de 2013

Denis Diderot


El Rastro, otoño del 2013









Primitivo Álvarez Armesto




Cantareros, 3








"Dicen que se vendió un cuadro de Primitivo por 2700 euros hace unas semanas en Reto".

Bombita



4 de noviembre de 2013

El Cormorán



El Cormorán (Editorial Universitaria de Santiago de Chile)


Furgodesván, Rastro de León, época pre-ultramarina.











Del cormorán, perteneciente a la  familia Phalacrocoracidae ("cuervos calvos"), se dice que puede engullir su propio peso en un solo día.

De algún miembro de la familia Ultramarinae (que no mencionaré) se rumorea que puede comprar su propio peso en libros en un día.

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Colaboración del malévolo Gromov




Hojas de Madrid



El Rastro, otoño del 2013












Hojas de Madrid, Blas de Otero.



[Larsen]



3 de noviembre de 2013

Mortisaga en el cementerio de los iconoclastas






MORTISAGA EN EL CEMENTERIO DE LOS ICONOCLASTAS

15
OXÍMORON

Nunca pensé que el vacío pudiera estar tan lleno, a pesar de que los escarabajos no entendemos de retórica: paradojas, antítesis u oxímoros. Lo descubrí, para sorpresa mía, una tarde que espantaba la resaca de El último trago, de Adam Bottelfire, la historia de un científico loco que consigue destilar un whisky, cuya propiedad más sobresaliente es regenerar el hígado a la vez que lo degrada, de modo que consigue pasarse parte de su vida felizmente ebrio sin riesgos para su salud, hasta que la muerte por cirrosis de una de sus ex amantes lo llena de melancolía, y se da cuenta de que desde que toma tal brebaje, así llamaba a su invento, su creatividad y su locura habían desaparecido, por tanto concluye que la destrucción va íntimamente ligada a ambas, sin las cuales su vida no tiene sentido, decide, así, destruir la fórmula e inmolarse en los altares de santa dipsómana, con el alma lúcida y plena, muerte que da vida, y esta a su vez muerte… hasta su definitiva consumación. Pero a lo que iba, que nos distraemos con bagatelas, todavía con los vapores etílicos del bourbon de Forester en mis neuronas más humanas, me acerqué tambaleando sobre la alfombra de rafia a una pequeña agenda del año 1970, que se había despeñado desde el escritorio, seguramente de manera accidental, y había quedado abierta por la mitad, aunque por la persistencia de quedarse en semejante postura, se diría que había permanecido de par en par durante mucho tiempo por  voluntad de su propietario. Me asomé a su interior, no con intención de probar su sabor insulso, sino por curiosidad rutinaria. En las dos páginas visibles había escrito algo a mano, lo supe por los trazos irregulares respecto a la letra impresa, conjeturé que había sido escrito por mi anfitrión, ya que no conocía su letra personal, que para mí representaba una novedad, o eso creo, porque seguro, seguro no estoy ni de la sustancia de mis recuerdos, excrecencias de un pasado exclusivamente instintivo. Y cómo no, las leí sin necesidad de atiborrarme de fechas ya inertes. En la de la izquierda:

Genaro Barchino--------------------Ventiladores insomnes 12-03-1998-----------D.
Venancio Moreto-------------------Lágrimas blancas 23-06-1998
Tarsicio Carballo-------------------Ácido fénico 6-02-1999--------------------------D.
Mariola Santos----------------------Cuentos desalmados 7-02-1999----------------D.
Carlos Betsalú----------------------Celebración de la enfermedad 28-12-1999
Federico Pollán---------------------Bandera de mártires 31-01-1999

Y en la de de la derecha:

Bernardo Castro--------------------Cantos sin himnos 7-09-1999
Edelmiro Manjón-------------------Suave es tu sexo 25-11-2000-------------------D.
Roberto Cerezo---------------------Cerezas en otoño 12-08-2000
Juana Castrillón---------------------Rimas de Tánger 22-09-2000
Raimunda de la Flor----------------Filosofía vulgar 05-10-2000
John Ackerman---------------------Gramática para extranjeros 16-05-2001------D.

Me costó averiguar que aquellos nombres no pertenecían a los autores de los libros mencionados, hasta que encontré uno de los títulos y vi que su autor no se correspondía con el de la agenda, y así sucesivamente, hasta completar los cinco que tenían la abreviatura «D.». Los demás me fue imposible hallarlos. Me pregunté por el significado de aquellas listas tan extrañas, que se extendían desde el mes de enero hasta el mes de diciembre, a cinco o seis por página, aunque las fechas consignadas no se correspondieran con su mes ni con ese año. No cabía otra posibilidad de que se tratara de libros prestados. Por eso a los devueltos les había puesto una D. al final y los otros carecían de ella, así lograba controlar los estragos y devoluciones. Me asombró la generosidad del prestamista ilustrado por la cantidad de ellos que no había recuperado. Eso me llevó a la reflexión de que una biblioteca se compone también de los libros ausentes, que siguen ocupando un vacío lleno en la mente de quien los echa de menos. 

José Miguel López-Astilleros

Los restos del naufragio



El Rastro, otoño del 2013


























2 de noviembre de 2013

Great Minor Poets



El Rastro, otoño del 2013










[Tinofc]


Las malas lenguas


El Rastro, otoño del 2013




"Ganar no ganamos pero trajineamos..."

Oído en el Rastro al Medioboinas.




Las malas compañías




El Rastro, otoño del 2013




La mañana estaba despejada de nubes y de Ultramarinos, esto sería una ventaja si realmente llegase material nuevo a este paseo de la Guinda. Tinofc y Larsen perdían el tiempo y el frío hablando de lo mundano de Barataria. Con ellos caminaba Ariza y su prescindible Diario, la lista de los mejores libros de poesía de estos últimos treinta años, Blanca Chagal, la niña de provincia, el poeta de la pobreza, la Feria de ocasiones de los Botines de la Piqué, la literatura del yoyo...
Caminábamos a la deriva sin encontrar ningún caladero donde faenar. Eran las nueve y ya intuíamos que no iba a ser un buen día de pesca. En unos rincones poco habituales en nuestra ronda, Tinofc llenó una bolsa con calcetines de lana y unas zapatillas barojianas, pronto empezará a invernar en su altillo, esa bodega de libros añejos. Con unas revistas del AS y unos fascículos de la Historia de las plazas de toros de Zapico llegaron del suburbio el Amanuense y Bombita.
En el Desengaño, un Demóstenes apagado nos tiró varias cajas sobre su mesa persiana y nos rogó que no tocásemos ningún libro si no íbamos a comprarlo, porque el primer comprador de la mañana que toque los libros y no compre, le arruina la mañana de ventas según una antigua superstición griega. El Polaco que no entiende de pamplinas, empezó a tocarlos todos poniendo de los nervios al orador que le animaba a llevarse alguno. El resto de buitres miraban y le preguntaba por el precio de algún ejemplar, siempre coincidía ser el más valioso y caro. "Éste lo leeís sin querer que tiene la letra muy grande y espaciosa", nos decía con ritmo de hexámetro, Demóstenes.
El Perroviejo para romper el maleficio polaco le compró una antología de poesía amatoria ilustrada por  Prada. Tinofc empezó a recitar algún poema: "El aire de los chopos / y vuelvo a recordar. / En un día de marzo / te fuiste. Nada más." Cada vez que veía el corazón con sus colores de carnaval al lado del texto se le revolvía el estómago y le empezaba a doler la úlcera libresca.
Como faltaba el Ruso y el Ilustrado, empezaron a contar maldades de ellos como si nada; en esto el Primo de Freud es muy hábil. Todos coincidían en que Gromov se había pasado con el retrato que hace de la librería Tauro (le han declarado persona non grata). Veíamos en ese despelleje algún motivo personal, nunca aclarado por el Ruso. El Editor de Labici según sus últimas visitas, se veía reflejado en las palabras de Gromov. El Ropavejero reconocía que se había aprovechado de los fondos de esa librería, todos saldados por culpa de un incendio y posterior inundación bombera. Eran los tiempos de tercero de BUP y aunque no quitó el ahumado de los libros, con el secapelos de su hermana mayor se le fue la humedad a éstos.
Ayudado por el inspector Ocramalliv y el Maletilla, el Amanuense empezó a trazar el perfil del comprador (un breve avance de sus próximos artículos para Libro Albedrío) :
El Gromoviano: Suele revolver todo, abrir los libros precintados, fotocopiar con permiso del vendedor, algún capítulo o índice; aprovecha las circunstancias tecnológicas para ver su correo y la crónica ultramarina en el portátil del librero. Regatea al límite y aprovecha la disculpa de que tiene que ir a por su padre para huir del lugar. El Carbonero: Suele marcar el territorio como los perros y así logra frenar a los demás compradores. Su perfomance la monta a la hora de irse con ocho bolsas de libros, que gracias a los pantis, regalo del gitano de turno, lograr formar una alforja para llevarse con maña, lo mercado. Siempre su mujer le hace las misma pregunta : "¿y esos pantis?". El Pescador  Web 3. 0 : Se ha criado visitando al buhonero en su casa, al chatarrero en su desguace, y, ahora, con las nuevas tecnologías se ha creado un grupo de whatsapp de chamarileros del Rastro. Según pasea, su móvil cacarea cada poco; A veces, lee los mensajes a sus compañeros de búsqueda para afearles que siguen anclados en otra época: "Te espero con unos tomos del motor del camión y unos libros de Semana Santa. Te los dejo a buen precio."
Nos acercamos a Reto para no perder las malas constumbres. A estas horas parecía un gallinero (¡qué pena de Raposo Ridruejo!). El Entomólogo freudiano nos habló de Blapps Mortisaga, el coleóptero aptero que esta semana se había encontrado en la bodega de su suegro. Recordando las crónicas del ultramarino digital Astilleros, le dio pena aplastarlo y le dejó irse para que siguiese su aventura de letraherido por todas las bibliotecas subterráneas. Larsen trajo su Manual de literatura europea para demostrarle al docto Spasavic su desliz nabokiano (la perfección no existe), pero se quedó con las ganas.
Nos paramos en el puesto del Tirillas para mirar unos sombreros. El Bombita se probó uno (o le sobraba cabeza o le faltaba sombrero), el Editor de Labici se probó el sombrero del peregrino Torbado, pero dijo que ya no tenía edad para hacer el Camino de Santiago. 
El Ropavejero del molino (si publicásemos sus anécdotas rastreriles tendríamos más volúmenes que la enciclopedia jurídica que no vendió el Cuerdo por culpa de la ajustada oferta ilustrada) relató la historia de esta mañana, que empezaba con una separación y terminaba en la cárcel (ya teníamos una novela de crónica negra). "Después de llegar a un acuerdo de separación, la mujer de un librero se acercó a un sindicato para que le asesorasen y lo primero que le dicen es que denuncie a su marido porque así tendría más posibilidades de encontrar trabajo (la realidad siempre supera a la ficción). El librero alarmado, con un pie en la cárcel, sobre todo tentado por la desesperanza, se presentó en el sindicato con un bote de gasolina para que el fuego purificase las malas intenciones. Al final, todo se arregló y hoy todavía son amigos", como te lo cuento.
Nos contó Tinocf que se había pasado por la Lonja para ver las novedades. Todas las tenían en el Sancta sanctorum bajo tres cerraduras y cuatro llaves. Desde que vendieron por 2700 euros,  a la dueña de los cines de Astorga, una copia del Lazarillo de Murillo hecha por el famoso pintor del Bierzo, Primitivo, la amenaza de los amigos de lo ajeno circula por Orozco.
El Dr. Mabuse Arenas nos habló que tenía varios cuadros de este pintor, comprados en la ribera del Órbigo por cuatro perras (la ignorancia de los vendedores siempre ha sido la mejor aliada de los buscadores de lo viejo); un canónigo de la Catedral se los había tasado y, desde entonces, ya no lucen en el salón de su casa sino que reposan en la galería del banco Santander.
Nos tropezamos con el rey del Long play que nos enseñó un Dietario del 1967, año en el que comenzó sus estudios universitarios, vimos que las motivaciones para comprar un objeto son infinitas. Le animó Bombita a que empezase sus memorias con el título Los días del vinilo; se fue riéndose de las ocurrencias del apoderado ultramarino.
Aunque la mañana, semejante a nuestra curiosidad y nuestra enfermedad del libro, no tenía fin, fuimos abandonando el barco con la discreción y la prudencia del naúfrago.




1 de noviembre de 2013

Vendedores de libros en el Rastro VI (Libro Albedrío)



El Rastro, otoño del 2013


 VENDEDORES DE LIBROS EN EL RASTRO
TIPOLOGÍA PSICOBIOLÓGICA



Trapisondista. Rostro cetrino, mirada ladina, dolicocéfalo, pelo ralo, enjuto, a menudo zurdo. Lo suyo es el embrollo. Mucho cuidado con él, pues pude llegar a enemistar a dos colegas con sus mentiras o medioverdades que son peor. Cuando aparece con material nuevo antes ya se lo ha ofrecido a otros.
- tenía un género buenísimo, lo iba a traer pero se lo enseñé primero a Jose Antonio. Me compró casi todo.
- Hombre tenía que haberlo traído aquí antes
- Pa qué,  ya me dijo Jose Antonio que vosotros no teníais dinero pa pagarlo...
Siempre alardea de que aquel libro que no compraste por caro, lo vendió después por mayor precio a Fulano. 


Terruñista. Tipo un tanto tarugo como tengas que negociar con él un libro que trate sobre la ciudad o provincia donde resida el Rastro. Normalmente macrocefálico, tozudo y obstinado. Los libros de la región por lo general son tres o cuatro veces más caros que los demás, no obedeciendo tamaño engorde al estado del libro, ni al autor, ni a la rareza, ni a cualquiera otra característica conocida que hace incrementar el valor de un libro. No, simplemente porque habla de tal o cual sitio o paisano del terruño. Si además hay fotos en sepia toda negociación está perdida. Los daños colaterales que provoca este tipo se manifiestan enseguida: los colegas, aunque no con la misma desmesura, tratan de imitarlo. 
Como la producción libresca de la patria chica no da para mucho es raro encontrarse el tipo terruñista puro; por lo general empiezan así pero pronto derivan en anexionistas. Fui incapaz de meter en razón a aquel tipo empeñado en colocarme un Quijote, de 1810, Tournachon Molin, Leon. Como en la portada ponía ‘Leon’ estaba claro que había sido impreso en León. De nada sirvió la argumentación de que era una traducción de Lyon, ni siquiera que nunca hubo una imprenta leonesa con nombre tan gabacho, ni que se leyera esta dedicatoria manuscrita en la hoja de respeto: ‘En l´honneur de mademoiselle Colette de Saint-Pourçain. Philippe Nicaud’ nada, no hubo manera. Además como lo había paseado por todo el Rastro ya le habían dicho de buena tinta que era el primer Quijote impreso en tierras cazurras por lo que se lo iba a ofrecer a la Presidenta de la Diputación que esa sí que tenía pasta, que cobraba ocho sueldos…

Volumétrico. La cuantía la fija el tamaño. Legiones de bibliófilos han intentado, en vano, hacerles ver lo errado de su máxima “los grandes a 2 y los pequeños a 1”. No trates pues de convencerles, estás luchando probablemente con una hipertrofia de la corteza sensorial somática. 
En el Rastro de Madrid he visto en una ocasión intentar vender unas Páginas Amarillas del año en curso por 500 pesetas. Sin embargo estos vendedores son las delicias de los amantes de “Crisoles” y “Crisolines”.




[El Amanuense]