[malabia]
10 de octubre de 2015
El dobladillo Nº 8
Don Quijote en los Cárpatos (La Rama Dorada)
DAKOVIKA, segunda parte (una novela por entregas)
Capítulo 2
Cargué con el viejo Dakovika en brazos y tambaleándome comencé a caminar por los tejados en dirección contraria a la catedral. Como iba descalzo los dedos de los pies enseguida empezaron a llenárseme de magulladuras. Sentía a Lamieva detrás por el ruido de sus pasos sobre las tejas. A medida que avanzábamos iba sintiendo los pies más doloridos pero en un momento dado se me durmieron y seguía andando como sobre dos trozos de corcho. El viejo cada vez se ovillaba más entre mis brazos y se iba reduciendo hasta que no me costaba nada llevarlo porque no pesaba nada. Por entre las almenas tres o cuatro cuchillos de luz naranja despedían el día. Nos detuvimos en un tejado del jardín romántico y agarrados a una antena vimos caer la oscuridad de la noche. Entonces Dakovika emitió un extraño suspiro y abrió los ojos. Era la primera vez que veía directamente sus ojos y, con la luz de las primeras farolas, pude comprobar que eran de un azul muy intenso, de la misma naturaleza que los de su hija Lamieva. Entonces el extraño ser se desgarró una tira del faldón de su camisa y me vendó con ella la herida de bala que había vuelto a sangrar un poco. Dormimos los tres abrazados hasta que la noche estaba bien entrada y así habríamos seguido de no ser por las luces de las sirenas de los coches de la policía que se estacionaron enfrente, a la puerta del palacio de los Guzmanes. Pensé que estarían preparando unos funerales solemnes al lamentable poeta Garnach.
Les desperté a empujones y cargué con el viejo con la seguridad de que seguía dormido. Caminé en dirección opuesta, esta vez con un gran agotamiento. Me parecía que las distancias se alargaban y que el hombrecillo pesaba como una piedra.
9 de octubre de 2015
8 de octubre de 2015
El tanga rojo
EL TANGA ROJO
Si Gonzalo hubiera descubierto el tanga rojo en el bolsillo de su abrigo antes de subir a casa, ahora no estaría frente al cadáver de Diana, masticando el silencio y el remordimiento con las manos manchadas de sangre. Podría haberse deshecho de la prenda y guardar silencio, pero ¿y si resulta que ella la había puesto allí para cerciorarse de su fidelidad? En cuyo caso lo mejor hubiera sido confesar su desconcierto ante el hallazgo. Lo único seguro es que Diana había engullido el tanga completamente, produciéndole la asfixia que había acabado con ella. Y allí estaba, frente al cadáver de Diana, pensando en cómo le explicaría a su esposa la presencia de la perrita patas arriba con la tráquea y el abdomen abiertos.
José Miguel López-Astilleros
This library is a camel
![]() |
O sea: "Esta librería es un camelo".
Pero no, cuidado
con los falsos amigos: "library" es "biblioteca", mientras que
"librería" se dice "bookshop". (Conozco a alguien que tradujo "luxury libraries" como "librerías
lujuriosas", cuando lo correcto es "bibliotecas de lujo").
En fin, a la sección en curso de librerías bestiarias, añadimos ahora también la de bibliotecas bestiarias (¿cómo no se nos había ocurrido antes?). La inauguramos con ésta, infantil, de Mongolia, citada en el libro Improbable Libraries que tenemos entre manos.
[Gromov]
Si una noche de invierno un viajero
La prueba de Gromo (Novedad Ultramarina)
7 de octubre de 2015
Publicidad pre-Mad-Men
Haz (color) y envés (blanco y negro) de un desplegable publicitario hallado en el Rastro de Léon [cortesía de Bombita]
(Gromov, de bestiario a herbario)
6 de octubre de 2015
5 de octubre de 2015
Avisos (Lecturas en voz baja)
Desde hace treinta y cinco años, Hanta trabaja en una trituradora de papel destruyendo libros y reproducciones de cuadros. En cada una de las balas de papel que prepara conviven libros, litografías, ratoncillos aprisionados y su propio esfuerzo. Pero para él, esos libros son mucho más que papel para prensar: son toneladas de saber que la humanidad ha ido acumulando a lo largo de los siglos y que Hanta ha ido adquiriendo con su trabajo. Mientras deambula por Praga, repasa su vida a la vez que reflexiona sobre las enseñanzas de los grandes maestros, Lao Tse, Nietzsche, Hegel o Kant.
Con la maravillosa prosa que le caracteriza, Bohumil Hrabal construye en Una soledad demasiado ruidosa, escrita cuando su obra estaba prohibida por el régimen comunista, una fábula sobre el sentido de la creación artística y literaria, sobre el amor y la soledad, la creación y la destrucción, o la crueldad del tiempo que también alcanza a Hanta, al que unos jóvenes obreros, gente modélica con nuevos métodos de trabajo, acaban sustituyendo.
Esta es pues la historia de un hombre dejado al margen de la sociedad que contempla con entrañable lucidez su vida y encarna a todos aquellos que desafían al tiempo que les ha tocado vivir. Uno de los textos esenciales de su autor que llegó a afirmar que sólo había vivido para escribir este libro.
[El replicante D]
[El replicante D]
De la base de datos de ARCE
- Edita: Manual de Ultramarinos
- Director: Bruno Marcos
- Año de fundación: 2015
- Número de páginas: ¿?
- Periodicidad: Guadianesca
2 de octubre de 2015
DAKOVIKA, segunda parte (una novela por entregas)
Capítulo 1
No sé cuánto tiempo pasaríamos allí, en el inmenso buhardillón de Siena-Pombal, porque la fiebre me hacía estar día y noche confundido. Tenía sueños extraños y mi cerebro estaba martilleado de continuo por las percusiones de la máquina de escribir del viejo Dakovika. Cuando despertaba no quería otra cosa que hallar a Lamieva y poseerla, hacer el amor con ella aunque mis fuerzas no me lo permitían y volvía a desvanecerme. Finalmente un día desperté como si nada hubiera pasado. Me encontraba bien y nada me dolía. Tenía todo el cuerpo adormecido como si todas mis células hubieran cicatrizado solas. Me miré la herida y sólo pude ver unos pliegues sólidos de tela de color granate pegados a mi costado.
Las tiras de luz que se colaban por entre las tejas sueltas penetraban el aire polvoriento para dibujar gotas de claridad por el suelo de toda la estancia.
Me incorporé en el camastro y vi al fondo la joroba de Dakovika y algunas cintas blancas de su cabello que temblaban con el movimiento de las manos sobre las teclas. Algo cayó del techo, miré hacia arriba y vi la cabeza de un cuervo intentando entrar por un agujero. Llevaba todo ese tiempo indeterminado desnudo, tan sólo cubierto por la gabardina abierta en cuyo bolsillo debía estar aún la pistola con la que asesiné a Garnach. Toda la cama estaba regada de trapos con sangre seca de las sucesivas vendas que me taponaron la pequeña herida del disparo de Lamieva que no acababa de cicatrizar.
Entonces se levantó el viejo y avanzó lentamente hasta una mesa como alguien que nunca había aprendido a andar bien del todo. Cogió unos alimentos de un plato de oro que parecían las sobras de unas sobras, algo con saliva que parecía haber sido masticado antes y se lo llevó a la boca y lo tragó.
En ese momento giró la portezuela camuflada en el papel pintado y apareció Lamieva con sus ojos árticos llenos de luz y enseguida quise abrazarla. Eché los brazos sobre ella como si su cuerpo fuera el último lugar al que llegasen mis desdichados días, como si allí, en ese punto borrado del tiempo y de la realidad, tuviesen lugar mi principio y mi fin, mi desaparición y mi vida eterna.
Me rechazó y caí como un saco sobre sus espaldas. Trabajosamente, me arrastró hasta un ventanuco que abrió un milímetro. Señaló hacia la calle con insistencia. Era la policía. Sin sirenas ni luces. Tres individuos esperaban a la puerta del palacete como si fueran a entrar en cualquier momento. Me levanté y fui todo lo rápido que pude a la escalera y bajé al baño. Me quedé en la puerta mirando. Garnach, tal cual se había grabado en mi mente después de recibir mi disparo. Un cuarto de la cabeza volada e infinidad de fragmentos de piel, carne, hueso y sesos sobre las paredes que ya se habían secado. También toda su sangre había ennegrecido y cuajado como una mancha de pasta añil sobre el agua de la bañera que quedaba después de que su cuerpo la absorbiera hinchándose como un cerdo.
Me quedé absorto unos instantes sin darme cuenta de que, en cualquier momento, podían entrar los policías y encontrarme allí. De pronto el capuchón de tela que me taponaba la herida cayó sobre la tarima de enhebro y, detrás de él, tres o cuatro gotas de sangre. Eso me hizo reaccionar y subí de nuevo a la buhardilla donde encontré a Lamieva metiendo a su padre por el hueco del tragaluz superior. Empujé a ambos y los oí caer al otro lado. Luego me tiré yo. El sonido de las tejas asustó algunos grajos que quisieron picarnos y los que tuve que ahuyentar con un graznido que me salió deshumanizado y triste.
Notamos que abrían las puertas grandes que dan a la catedral y varios hombres entraron a la casa de Siena-Pombal. Permanecimos agazapados un largo rato al final del cual oímos grandes golpes. Varios hombres trasladaban con mucho esfuerzo un gran bulto cubierto por una sábana. Por uno de los lados asomaba la pata de garra de la bañera de níquel y por otro uno de los pies brutales de lo que antes había sido el laureado poeta Garnach, con un volumen dos veces superior al que tenía imposible de separar del hueco de la bañera.
Lust & Gluttony
![]() |
| Lust & Gluttony by Chris Anteman |
Leemos al católico C.S. Lewis decir (en Mero Cristianismo):
"Podemos reunir un público considerable para un número de strip-tease; es decir, para contemplar cómo una mujer se desnuda en un escenario. Supongamos que llegamos a un país donde podría llenarse un teatro sencillamente presentando en un escenario una fuente cubierta, y luego levantando lentamente la tapa para dejar que todos vieran, justo antes de que se apagasen las luces, que esta contenía una chuleta de cordero o una loncha de bacon, ¿no pensaríais que en ese país algo se había desvirtuado en lo que respecta al apetito por la comida? ¿Y no pensaría alguien que hubiese crecido en un mundo diferente que algo igualmente extraño ha ocurrido en lo que respecta al instinto sexual entre nosotros?"
¡Ahora entendemos la lujuria implícita (¿o explícita?) en La grande bouffe!
Véase también la estatuilla con la que encabezamos estas líneas (ojo: no es de Lladró).
UNA TEMPORADA EN EL INFIERNO / Parecidos razonables
Charlus & Jupien - Piero della Biondetta
1 de octubre de 2015
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





















