24 de enero de 2015

Maldición eterna a quien remueva mis huesos


Noli me tangere



Cada centenario cervantino trae consigo su quijotería. Así, hace cien años se anunció a bombo y platillo el descubrimiento del verdadero retrato de Cervantes por Juan de Jaúregui. Es la imagen del autor que todos tenemos en la cabeza, la que aún preside la Academia, pese a que Alberto Blecua, hermano del director saliente, haya afirmado en su estimable edición del Quijote que realmente es una filfa.

Hace diez años el choteo generalizado fue para un proyecto de investigación subvencionado con dinero público para hallar el preciso “lugar de la Mancha” de donde procedía don Quijote. Cervantes había escrito que lo dejaba intencionadamente oculto para que la Mancha toda se lo disputase, del mismo modo que, en la antigua Grecia, distintas localidades se habían arrogado para sí la ciudadanía de Homero. Por no hablar sobre los pretendidos orígenes sanabreses del propio autor del Quijote: notable majadería. 

Y ahora, en 2015, somos testigos de la última cervantería. A falta de cosa mejor que hacer y para dar mayor lustre al centenario de la segunda parte del Quijote, un equipo interdisciplinar se dispone a entrar hoy mismo en la cripta de las Trinitarias donde pretendidamente reposan los restos de Cervantes. La consigna: descubrir el cadáver de un manco con seis dientes desparejados (datos tomados del prólogo de las Ejemplares).

Muchas veces se ha hablado del paralelismo de Cervantes con Shakespeare, cuyo conocidísimo retrato no es menos falso que el de aquél. Tan rigurosos contemporáneos fueron, que ambos murieron en la misma fecha del mismo año (si bien con unos días de diferencia, debido a los distintos calendarios entonces vigentes a ambos lados del canal de la Mancha). Pero ahora ya tenemos una clara diferencia: me refiero al cumplimiento de la leyenda que prohíbe hollar la lápida del Dulce Cisne de Avon en la iglesia de Stradford y que Astrana Marín reproduce en su benemérita edición de las obras completas de Shakespeare con estas palabras:

“Maldito sea quien remueva mis huesos.”


Piero della Biondetta


[Gromov nos adelanta el tema editorial de su próximo Bestiario: “Don Quijote zombi y otros zombis en el Quijote”. No es superchería]



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