27 de octubre de 2014

Criptoedición




La reciente presentación de Ediciones Manual de UltramarinoS puso de manifiesto algo que sospechábamos, pero ahora hemos confirmado: el numerus clausus de sus seguidores, que no followers, integra una sociedad secreta (de traperos del tiempo, según su propia línea editorial).

Los pitagóricos se reconocían porque no comían habas, alisaban sus sábanas para eliminar la marca del cuerpo y no recogían lo caído al suelo. Los masones se han identificado tradicionalmente por sus mandiles, escuadras, niveles y plomadas. Los ultramarinos, por el signo de Caín que les veta un paraíso terrenal si no es bajo la especie de una biblioteca (Borges dixit).

En la época de los iluminados hubieran formado un conventículo; en la de la bohemia se habrían congregado en un cenáculo; pero hoy, ¿por qué se juntan éstos bajo la ominosa presencia de un pentáculo, con un chivo como daimon familiar? ¿Qué les lleva a reunirse subrepticiamente en una chamarilería a la luz de las velas? ¿Por qué tratan en sus ignotas publicaciones de temas como la impostura, el tiempo, la soledad…? 


[Gromov]

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