16 de marzo de 2014

Diferentes

                                                   



                                                                                                                         Diferentes






Las gotas de lluvia, llevadas por el viento, chocaban contra los vidrios del amplio ventanal. Como si un imán las atrajera, se deslizaban hacia el alféizar. Una gota corretona atrapaba a otra más lenta, las dos ya fundidas en una, alcanzaban a otra tercera detenida en su camino, ahora las tres juntas se precipitaban sobre todas las que se encontraban detenidas, formando un rápido hilillo de agua que moría en la base de la ventana. Competían entre sí varios arroyuelos de plata que paralelos corrían a una muerte segura. De vez en cuando un hilillo de aquellos, sin saber porqué, se torcía e iba en diagonal a estrellarse contra el borde derecho de la ventana. Las gotas eran barcos de guerra que se derretían formando un río de plata para que pudieran navegar otros navíos, que a su vez se fundían para que hubiera un río por donde navegar. Hacia el horizonte, entre las nubes altas se formaba un formidable arco iris sin cumbre. Era un puente de dos patas, una se perdía entre un grupo de casas y la otra acababa justo en el campo de fútbol. Atravesando esos colores. Así sería como nacían aquellos lindos pájaros de colorines que venían en los cromos del chocolate. Sí, seguro. Y donde se apoyaban los pilares las flores serían preciosas y además las hierbas que allí crecían serían de colores. Tenía que ir a verlo. Sí, llevaría a su perrita Mora y si tenía suerte y todavía estaba allí el fabuloso puente, haría atravesar a Mora entre los colores, todos los perros del pueblo la envidiarían, y esos colores por la noche no se apagarían con lo que podría ir con Mora hasta...

- Señor Valbuena, ¿podría decirnos a todos en qué está pensando? El niño, sobresaltado al principio, azorado después, no sabía qué contestar. De pronto se activó el resorte que tenía en los pies y erguido contestó: ¡servidor!

- ¡Presente!, se dice ¡presente! dijo suspirando el profesor, y no es el momento.
- ¡Servidor presente! contestó el niño mirándose las puntas de los zapatos. La carcajada general tuvo que oírse en el pasillo y en las clases contiguas.
- ¡Silencio!, ¡silencio! ... Salga usted al encerado, dijo el profesor, arrastrando las sílabas,  con gesto de infinita paciencia. 
El niño recorrió el pasillo con la sensación de caminar por la cubierta de un barco en alta mar.  Subió al estrado. Sólo era un altillo, pero para lo que algunos era un podio, para aquel chiquillo era un  patíbulo. Larguirucho, era el más alto de la clase a pesar de ser de los de menor edad, desgarbado, con el pelo negro indomable, cuando levantó la vista del suelo vio por el ventanal el arco iris al completo, sin nubes en la cumbre. Sí, iría al salir de clase a buscar las flores para su madre, allí donde nacía el pie del imponente puente. Llevaría a Mora ...

- Díganos señor Valbuena, qué estaba explicando yo hace un momento, de qué estaba hablando.
(Silencio)
- Esto…pues…no me acuerdo.
- No se acuerda ¿eh?
- Dígale de qué estaba hablando señor Vázquez.
- Sí, del sistema métrico que ya vimos el año pasado, don Antonio.
- Bien, siéntese señor Vázquez. ¿A ver, qué es el metro señor Valbuena?
- Pues...esto...es...el metro...esto...el metro...
- Dígaselo señor Panizo.
- El metro es la barra de platino-iridio que se encuentra en el Museo de Pesas y Medidas de París, don Antonio.
- Bien, siéntese señor Panizo. ¿Qué tiene que decirnos del kilómetro señor Valbuena? Sí, aquello sí que lo sabía. El muchacho se hinchó de esperanza:
- El kilómetro son mil barras de platino-iridio que se encuentran en el museo de París.
Esta vez la carcajada se oyó hasta en el patio.
- Señor Valbuena, usted como Jacobo: cuanto más alto más bobo. Póngase mirando al encerado hasta que acabe la clase. 

Nacieron un par de lágrimas, pero no llegaron a salir.  Se helaron en ese sitio indefinido entre el cielo de la boca y donde nacen los ojos.

Don Alberto era el profesor de Lengua y Literatura, catedrático, como don Antonio, el de Matemáticas. Sus clases eran más aburridas, si cabe, que las de don Antonio. El pobre muchacho se perdía entre sujetos y predicados. Pareados, tercetos, tercetillas y cuartetos. Rimas asonantes y consonantes. Palabras llanas, graves y esdrújulas. Gerundios, participios…sólo le agradaban las redacciones. Ya que estaban en primavera don Alberto les mandó de tarea una redacción sobre la estación de las flores. Si las conservara tendría miles de redacciones sobre la primavera.

La primavera es cuando empiezo a ir a mi pueblo, ya podemos ir los fines de semana porque ya no hace tanto frío. La primavera son los pajarillos, jilgueros, paporrubios, pardillos, alondras, carboneros y anduriñas que cantan todos a la vez y vuelan unos tras otros. La primavera es la yegua del tío Enrique con su potrillo que se deja acariciar las orejas. La primavera son las rosas que cuida mi madre en el jardín, esas que se abren muy rojas por la mañana y ya no se pueden volver a cerrar. La primavera son los caballos, los barcos de vapor, los aviones y los platillos volantes, los gigantes grandísimos, los castillos, las caretas enormes, los árboles nevados, todos blancos y grises que flotan en el aire y se los llevan los vientos. La primavera es el Río con el agua fría, pero que parece cristal de las ventanas. La primavera es mi prima Teresa, que aunque ya no está tanto tiempo conmigo  porque dice que ya es mayor, que va a cumplir trece años en Junio, sigue dejándome sus libros de aventuras. La primavera es el olor a jabón en el Río cuando ayudo a mi madre a lavar las sábanas blancas y las mantas de lana, antes de que se quede sin agua. La primavera es Mora que viene siempre conmigo a coger renacuajos y ranas, aunque a veces las espanta cuando se mete en el agua. La primavera es coger grillos, libélulas y mariposas en los campos. La primavera es leer los libros de aventuras debajo de la higuera de mi casa. La primavera es el Sol que se mete por los cristales de mi habitación los domingos y me da en la cara ¡qué calentín se está! y además me puedo levantar más tarde. La primavera es la bicicleta que me lleva por los caminos. La primavera son montones de estrellas desparramadas que no puedo ver en la ciudad. La primavera son las tostas de miel por la mañana y los bocadillos de chorizo al a tardecer. 

- “Bocadillos de chorizo…” Señor Valbuena, les dije que mínimo un folio por las dos caras, y que al menos debería haber un par de estrofas con rima consonante.  Los márgenes señor Valbuena, dónde están los márgenes. ¿Cuántas veces repite “la primavera”? por lo menos cuento una docena. La separación de párrafos…bueno, por lo menos no tiene faltas de ortografía…tiene usted que repetir la redacción señor Valbuena.

Todos sabían que don Fulgencio iría por la tarde. Allí estaban todos los niños repeinados, las caras y las manos limpias y quien más y quien menos vestido de domingo. Apareció, según lo previsto, a media tarde. Vestía sotana, como don Anselmo, pero no se parecían en nada. Barrigudo y con cara rubicunda, pelo ralo y con canas, aunque todavía era joven. Sería importante porque don Antonio el de Matemáticas, que además era el tutor, advirtió bien a los niños el día que vendría, que tenían que avisar a sus padres, y que estuvieran preparados porque era algo así como un inspector. Se dedicó a preguntar al azar a algunos niños,  ¿cuál es la capital de Francia? ¿En qué año se descubrió América? ¿Cuáles son los límites de España? ¿Qué es la Santísima Trinidad?...Sí, estaba claro que no se parecía a don Anselmo, el cura del pueblo. Don Anselmo era muy mayor.  Le había enseñado a distinguir los pájaros por su canto, las setas que se podían comer y las que eran venenosas, las plantas que curaban, los nombres de los bichos y porqué se llamaban así y no de otra manera. Las cosas que le explicaba las entendía muy bien. Le enseñó a leer,  ya que en la escuela le costaba mucho, pero don Anselmo le enseñó de aquella otra manera con palabras enteras y dibujos de colores que hacía él mismo. Le regaló su primer libro, el de los insectos que había escrito un maestro francés y que leyeron juntos tantas veces. Hasta le contó porqué los perros, cuando se ven, se empiezan a olisquear debajo del rabo. Le dijo que no se lo contara a nadie, que era un secreto. Antiguamente, hace muchísimos años, al poco de construirse la iglesia del pueblo, los perros podían ir a misa, pero tenían que dejar el ojete del culo a la entrada. Al principio los perros se portaban bien y escuchaban al sacerdote, pero según fue pasando el tiempo empezaron a estar distraídos, a gruñir y ladrar y molestaban mucho. Un día llegó un sacerdote nuevo al pueblo y estando en misa sucedió  que los perros molestaban tanto que distraían a los feligreses. Como este sacerdote tenía malas pulgas cogió un palo y arremetió contra los perros. Éstos se  asustaron tanto que salieron de la iglesia en estampida, aullando y con el rabo entre las piernas. Se fueron tan asustados, tan asustados que según iban saliendo cogían el primer ojete que encontraban. Cuando ya se habían calmado se dieron cuenta de que el ojete que llevaban no era el suyo, por lo que empezaron a buscarlo y por eso se huelen unos a otros debajo del rabo, a ver si lo encuentran. A veces riñen y se pelean porque uno dice que el ojete que lleva el otro es el suyo, el otro dice que no y así empiezan la discusión, como aquel día que...

- ¿Y tu cómo te llamas hijo?
- ¿Eh¿…a, Roberto Valbuena,  padre.
- Muy bien Roberto, sabrás cuál es el río más largo de España, ¿verdad?
- Pues...esto...pues no me acuerdo.
-Vaya, bueno hijo, dime al menos un río de España.
- Pues...esto…un río...un río...
- A ver Ramón, en tu pueblo seguro que hay un río.
- Sí hay un río, pero casi se seca en el verano.  Roberto, padre, soy Roberto.
-Ah, sí, Roberto, y cómo se llama el río de tu pueblo.
Menuda pregunta, él río de su pueblo era el Río, nunca se había parado a pensar que se llamara de alguna manera. 
- Pues es que no tiene nombre, es el Río.
- Pero hombre, cómo no va a tener nombre, anda piénsalo y tienes que decírmelo antes de que me vaya. 
Allí se quedó el muchacho, revolviendo en la cabeza cuál sería el nombre del Río, mientras don Antonio le miraba moviendo la cabeza a izquierda y derecha varias veces. Cómo le gustaría estar en esos momentos en el Río, entre los juncos cogiendo zapateros,  o los difíciles corretones...tenía que aprovechar el tiempo, pues el Río pronto empezaba a perder caudal y tomar un aspecto sucio y abandonado...sucio, eso es, se iluminó el niño, ya sabía como le llamaban, alguna vez lo había oído y ahora lo recordaba:

- ¡Mierdero! padre, se llama el río Mierdero

El alborto fue de escándalo. Los cuarenta y tres niños de la clase respondieron al unísono en una sonora carcajada. Don Antonio le susurraba algo a don Fulgencio y éste asentía con la cabeza mirando al chiquillo con gesto grave. Roberto no entendía qué les hacía tanta gracia.

Don Antonio, que era el tutor de la clase, hablaba con la madre del niño en su despacho. Mientras Roberto miraba embelesado las láminas con manchas de colores que estaban esparcidas por la mesa, oía palabras como cociente intelectual, percentil, test de inteligencia, habilidades cognoscitivas, estrategias metódicas, adiestramiento conductual…

- Como sabe, hemos pasado los test de inteligencia a todos los alumnos. Son métodos modernos para medir su capacidad. Estos test son como las radiografías. A través de una radiografía vemos, por ejemplo, si un hueso de la pierna está roto, pues con estas pruebas de inteligencia vemos igual, vemos la capacidad intelectual que tiene un sujeto. Empezamos a usarlos este año en el instituto,  pero en otros países llevan muchos años utilizándolos. Bueno, pues los resultados de Roberto nos arrojan una cifra de cociente intelectual 70. Esto quiere decir que el chico no podrá acabar el bachiller, que le falta, digamos capacidad intelectual, que no llega. Nuestro consejo es que derive a una maestría, puede aprender algún oficio, aunque le costará algo de trabajo.
- Todo eso que me dice usted don Antonio, de los test y esas otras cosas que no entiendo ¿quieren decir que Robertín es un niño retrasado?
- Bueno, digamos que entre 100 niños él ocuparía el número 31 ó 32.  Le cuesta entender las cosas, le cuesta pensar, y así no se puede hacer el Bachillerato.
- Pero es que Robertín todavía es un niño don Antonio, y los niños, dice don Anselmo que no piensan, almacenan, no piensan, imaginan. 
- No sólo es eso, mire, ¿ve esta curva azul aquí, que se cruza con esta otra roja? esto quiere decir que tiene escasa capacidad de prever el futuro, de anticiparse a consecuencias que inexorablemente se producirán. Eso pronostica poca capacidad de aprendizaje. Poco más que aprendizaje vicario que es el que se da en sujetos...
- Pero don Anselmo dice que los niños de la edad de Robertín sólo viven el presente, que para ellos no existe el futuro y que...
- Perdone señora, ¿quién es don Anselmo?
- Es el cura del pueblo, que Dios guarde, fue el que enseñó a leer y escribir al niño, que en la escuela no aprendía el pobre. En una semana le enseñó, y en la escuela llevaba el maestro tres meses y apenas sabía cuatro palabras.
- Bueno, puede que don Anselmo esté encariñado con el niño, no es de extrañar, las personas bondadosas son muy proclives a tener afecto a este tipo de niños,  pero los datos son tozudos señora aquí delante están. Vea, vea las gráficas. 
- Pero mi niño siempre está leyendo esos libros que le deja su prima, es un poco distraído eso sí, pero como dice don Anselmo, Robertín tiene alma soñadora, de poeta, y dice que eso no es malo, sino todo lo contrario.
- Ya le digo, cuando nos encariñamos con alguien perdemos la objetividad a la hora de juzgar, puede que el bueno de don Anselmo vea con ojos de santo, pero los datos son los datos y como decía antes, son tozudos. 

El chico veía en aquellas láminas magníficos guerreros, barcos de vela en terribles tempestades,  cargados de marineros deseosos de llegar a puerto, fabulosos animales compitiendo entre sí, espectaculares puestas de Sol...

Las gotas de lluvia, llevadas por el viento, chocaban contra los vidrios del amplio ventanal. Como si un imán las atrajera, se deslizaban hacia el alféizar. Una gota corretona atrapaba a otra más lenta, las dos ya fundidas en una, alcanzaban a otra tercera detenida en su camino, ahora las tres juntas se precipitaban sobre todas las que se encontraban detenidas, formando un rápido hilillo de agua que moría en la base de la ventana. Competían entre sí varios arroyuelos de plata que paralelos corrían a una muerte segura. De vez en cuando un hilillo de aquellos, sin saber porqué, se torcía e iba en diagonal a estrellarse contra el borde derecho de la ventana. Las gotas eran pedacitos del arco iris que se veía al fondo, el viento les había robado los colores y desesperadas iban a chocar contra los cristales.  En realidad eran las lágrimas del arco iris que presentía que el viento…

- ¿Qué estás mirando Marta? Te gustaría estar justo donde nace el arco iris, ¿verdad? Podéis levantaros, mirad por las ventanas. Es un espectáculo. Cuando yo era de vuestra edad tenía una perrita que se llamaba Mora. Cada vez que salía el arco iris echaba a correr hacia él ladrando loca de contenta. Siempre hacía lo mismo, hasta que una vez, siendo ya muy mayor, salió tras él y ya nunca más la volvimos a ver. Siempre pensé que al desvanecerse el arco iris se había ido con él. Bueno, ya que Marta nos lo sugiere, hoy hablaremos de la refracción de la luz. Os explicaré cómo se forman esos colores que tienen encandilada a Marta y después como tarea me contaréis qué es para vosotros un arco iris.
- Pero profe...maestro, hoy tocaba el aparato de locomoción humano.
- Sí Javier, tienes razón, pero lo podemos ver mañana. Mañana todos tendremos el aparato locomotor justo donde está ahora.  Los huesos y los músculos, los tendones y los cartílagos, los nervios...todo seguirá estando en el mismo sitio. Pero mañana, ¿creéis que estará ahí este fabuloso puente que ahora estáis viendo? Venga, manos a la obra muchachos.

Es raro este profe, maestro, a él no le gusta que le llamen profesor, prefiere que le digan maestro. Explica de manera rara.  Sustituye a Pilar, la de Naturales, que va a tener un bebé. Ya lleva más de un mes en el instituto y todavía no le hemos cogido el tranquillo...




[El Amanuense]




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